Beyond the Black Rainbow

Título: Beyond the Black Rainbow (Beyond the Black Rainbow)
País y año: Canadá, 2010
Dirección: Panos Cosmatos
Intérpretes: Michael Rogers, Eva Bourne, Scott Hylands, Marilyn Norry
Guión: Panos Cosmatos
Cartel de Beyond the Black Rainbow

Los aficionados al cine de género, a las pelis de terror y ciencia-ficción sobre todo, le debemos mucho a los 80 —casi tanto como a Canadá. Tanto los que ya pintamos algunas canas como las nuevas generaciones, que no tendrían los inefables episodios I, II y III de Star Wars aysin los episodios IV, V y VI. Ni The Matrix (Ahora el hermano y la hermana Wachowski, 1999) sin Tron (Steven Lisberger, 1982), por poner otro ejemplo.

Fue seguramente la década de oro de esos géneros, aún libres de efectos digitales y por lo tanto más dependientes de la creatividad pura y dura de los Cronenberg, Verhoeven y Carpenter entre otros— de la época. Eran, también, tiempos de una ciencia-ficción más profética, que nos avisaba de algunos de los peligros hacia los que nos dirigíamos como especie de manera más o menos metafórica; tan metafórica como la televisión videodrómica y tan directamente cruda como Robocop (Paul Verhoeven, 1987), con su Detroit en bancarrota (qué cosas) y su OCP, tan familiares para nosotros en  estos tiempos de corporaciones que gobiernan el mundo “libre” y drones de batalla. No podemos decir que no estábamos avisados.

FilmBunker.NET | Beyond the Black Rainbow

Bring home the mother lode, Barry

El director de la película que nos ocupa, Panos Cosmatos, hijo del ya fallecido George Pan Cosmatos (Of Unknown Origin, 1983) parece ser claramente consciente de esa deuda. La película no sólo está ambientada en 1983... parece hecha en los 80. En lugar de empezar a darle vueltas al tema de hasta que punto algo así tiene sentido, les remito a las palabras del propio director: "Crear una película es algo así como imaginar una película antigua que no existe”. A un servidor no sólo le vale, si no que aplaude la idea.

Su visión de la ciencia-ficción se acerca, en este caso, más a la del Cronenberg de Videodrome (1983) que a la del Verhoeven de Robocop (permitan que haga una pausa para decirles que tanto 1983 empieza a inquietarme). Nos enfrentamos a una película difícil, a la típica película que o te gusta mucho o no te gusta nada.

Es una película que deja más preguntas que respuestas, incómoda en ocasiones, especialmente durante su primer acto, en el que Cosmatos nos da las piezas de un rompecabezas y no sabemos si nos las ha dado todas, o si son las piezas correctas. Tiene la virtud, no obstante, de hacer que quieras completar el rompecabezas. La atmósfera creada por el brillante score de Jeremy Schmidt que tan pronto recuerda a las bandas sonoras de John Carpenter como al leitmotifv de Phantasma (Phantasm, Don Coscarelli, 1979) o a una sesión de Hemi-Sync y la hipnótica y siempre interesante cinematografía de Norm Li hace querer saber qué está pasando, qué hacen ahí esos personajes tan raros. En resumen, de qué narices va esto.

Beyond the Black Rainbow | FilmBunker.NET

ADVERTENCIA: Por aquello de los spoilers, recomiendo encarecidamente que primero vean la película y después, si les apetece, sigan leyendo. Nadie quiere a un spoileador.

Tras dejarnos bien claro y despacito, para que no se nos olvide— que estamos en 1983, la primera pieza del rompecabezas es un video. VHS, con grano. Un tipo inquietante donde los haya, el Dr. Mercurio Arboria que lleva un peluquín algo sonrojante— nos da la bienvenida al Instituto Arboria, donde, por medio de una mezcla de espiritualidad y ciencia, nos promete que alcanzaremos las tan ansiadas paz interior y felicidad perpetuas. Todo apesta a New Age de mala manera. En la mente de un servidor de ustedes se establecen una serie de inevitables conexiones con Cromosoma 3 (The Brood, 1979) y Viaje alucinante al fondo de la mente (Altered States, Ken Russell, 1980), entre otras. Y el New Age da mal rollo, se lo aseguro. Tenía yo un tío un poco gilipollas que andaba metido en esas mierdas, Mike Oldfield para arriba, Jean Michel Jarre para abajo y ya les digo yo que de ahí no salió nada bueno.

La segunda pieza del rompecabezas es otro tipo inquietante con peluquín ¿casualidad?, el Dr. Barry Nyle (un del todo correcto Michael Rogers) en un sitio muy raro. Entendemos, por asociación, que se trata del Insituto Arboria. Nyle se dedica a estudiar a Elena (Eva Allan), una jovencita también algo inquietante. Antes de cada sesión con Elena aquí otra conexión mental me lleva a Scanners (David Cronenberg, 1981), Barry Nyle activa un cacharro de forma piramidal que luego entenderemos que se trata de un inhibidor que básicamente impide que Elena utilice sus poderes psíquicos y se ponga en plan Michale Ironside. A todo esto, el cacharro de forma piramidal me recordó a la típica pirámide-dios de los billetes de dólar y por extensión al dios de los cristianos, lo cual tiene bastante sentido: Nyle es el dios que dispone sobre el Instituto Arboria. Eso es lo que entendió este humilde reseñador, si se ponen a buscar teorías en Internet prepárense para todo tipo de pajas mentales; hay gente que, o sabe mucho, o tiene mucho tiempo libre. Nada que ver con esta sesuda e inteligente reseña.

A partir de ahí, las piezas siguen cayendo mientras nos vemos inmersos en un mundo inquietante e insano, en el que Nyle disfruta de lo lindo jugando con la mente de Elena, estudiando sus reacciones emocionales ante una foto de la difunta madre de esta y denegando sus peticiones telepáticas de ver a su padre. Aprendemos más sobre el experimento, las habilidades psíquicas de Elena y el Instituto Arboria.

Cosmatos nos sirve más piezas del rompecabezas en la forma de conceptos de lo más interesantes y, seguramente, deliberadamente incompletos, como los sentionautas guardianes larguiruchos que sospechamos que tienen poco de humano y que parecen salidos directamente de Tron y la conexión psíquica entre el Doctor Arboria que también vive en el Instituto, a base de drogas y con proyecciones de documentales como único “contacto” con el mundo real— y Elena, con lo que entendemos que tal vez son padre e hija.

Presenciamos, a través de un flashback a 1966, el inicio del experimento que convirtió a Elena y Nyle en lo que ahora son. Nyle, animado por Arboria Bring home the mother lode, Barry y por la madre de Elena, se zambulle en un líquido negro, previa ingesta de opiáceos, y asistimos a su deconstrucción en el sentido más literal de la palabra— en una escena que inevitablemente nos recuerda a Viaje alucinante al fondo de la mente. Nyle regresa convertido en un monstruo, asesinando a la madre de Elena parece que no ha habido suerte con lo de la veta— y el Doctor Arboria sumerge a Elena tan sólo un bebé— en el líquido negro, lo que explica sus poderes.

Beyond the Black Rainbow | FilmBunker.NET

A partir de ahí asistimos al que parece ser el viaje definitivo de los dos personajes principales; el descenso a los infiernos del Doctor Nyle y la huida de Elena del Instituto Arboria. Nyle pierde el control,  abrazando al monstruo que nunca dejó de ser, despojándose de peluquines, implantes y demás máscaras y asesinando a su esposa / hermana / prima... nunca nos queda claro lo que es. Elena se enfrenta a mutantes y sentionautas de camino a la libertad, beneficiándose de esa pérdida de control por parte de Nyle para escapar.

Y, tan pronto como Elena entra en contacto con el mundo exterior, Cosmatos cambia de género radicalmente y nos encontramos viendo un slasher en toda regla. ¿Inexplicable? ¿Inapropiado? Cuestión de gustos y percepciones, por supuesto, pero yo no lo creo. La irrupción de la realidad rompe el ritmo anterior de la película, precipitando y acelerando los acontecimientos, lejos de inhibidores, drogas y- sobre todo- de un mundo bajo control de Nyle hasta ese momento. La realidad adulterada del New Age se da de bruces con la realidad sin adulterar del mundo tal y cómo lo conocemos, dando paso a un final que no les voy a contar— que nos deja en un estado de frustración e incredulidad que, en mi opinión, era precisamente lo que Panos Cosmatos pretendía, siendo Beyond the Black Rainbow su propio experimento.

Al menos en mi caso me dejó con unas ganas tremendas de volver a ver la película... al fin y al cabo, ya sé cómo encajan algunas de las piezas. El rompecabezas casi está resuelto.