Brain Dead (Paranoia)

Título: Brain Dead (Paranoia) (Brain Dead)
País y año: EEUU, 1990
Dirección: Adam Simon
Intérpretes: Bill Pullman, Bill Paxton
Guión: Adam Simon, Charles Beaumont, Bud Cort
Cartel de Brain Dead (Paranoia)

Adam Simon, guionista y director nacido en 1962, es un personaje fascinante en la historia del cine de terror americano. Director de títulos más o menos memorables de la serie B de principios de los 90, no nos podemos dejar llevar por la naturaleza de su obra (de calidad discutible) si queremos entender su profunda influencia en el gremio y su forma de pensar en el género y la serie B en general. De hecho, su figura se ha convertido en una especie de mito en el mundillo del cine, debido a su posición en la industria (en algún lugar entre las “major minors” y las “minor majors”). Es muestra de ello su cameo en la secuencia inicial de The Player (“El juego de Hollywood”, Robert Altman) donde Simon, que se interpreta a sí mismo, intenta venderle un guión de ciencia-ficción al ejecutivo de una gran productora, interpretado por Tim Robbins, quien ordena que sea expulsado del estudio. Algo parecido a lo que ocurre en este relato ficcional de Kim Newman titulado “The Player – Anno Dracula 1990”. El mito alrededor de su persona ha generado una especie de pasatiempo que ha ido recibiendo el nombre de simon-spotting, consistente en intentar identificar a Adam Simon, o a su ‘tropo’ – es decir, la figura estereotipada que representa el perfil de cualquier apasionado escritor-director de serie B que va de estudio en estudio entregando guiones bizarros solo para ver cómo sus sueños se resquebrajan una y otra vez. Ejemplos de estas apariciones serían The Big Picture (Christopher Guest, 1989) donde Kevin Bacon interpreta a un director idealista, obviamente basado en Adam Simon y sus experiencias al no lograr dirigir la película de Stallone Lock Up (“Encerrado”, 1989); o quizá de forma más velada en Mulholland Drive (David Lynch, 2001) a través del personaje de Adam Kesher, interpretado por Justin Theroux, un cineasta en peligro al intentar ir contra los malvados poderes que financian e intentan controlar su película. El propio Simon, cuando se le preguntó acerca de este fenómeno, comentó: “No tengo ni idea. Quizá me he convertido en un arquetipo. O peor aún, ¡en un cliché!”

FilmBunker.NET | Brain Dead (Paranoia), Adam Simon 1990Adam Simon comenzó su carrera como discípulo de Roger Corman en la “Corman Film School” donde tantos directores hoy famosos hicieron sus primeros pinitos. El documental Corman’s World refleja bien la filosofía y forma de trabajo de este mito del cine a cuya sombra Simon se formó y para cuya productora dirigió sus primeras dos películas, Brain Dead (la que nos ocupa, de 1990) y la fastuosa Carnosaur (1993), títulos que fueron, por otra parte, los últimos en tener un estreno en salas de cine comerciales. El propio Simon nos cuenta, entre otras cosas igualmente interesantes, las diferencias entre hacer cine en aquella época y hacerlo en la actualidad en esta entrevista para Dread Central. Y es que Simon, aparte de haber realizado un par de documentales después de parir la entrañablemente desastrosa Carnosaur (uno de ellos acerca de la historia del cine americano de terror moderno, The American Nightmare, de 2000) ha regresado este año al terror a través de la televisión por cable, escribiendo los 13 capítulos de la primera temporada de Salem, una serie de WGN que explora el mundo de las cazas de brujas en el Massachusetts del siglo XVII. También escribió en 2001 el guión de Bones, la película de terror protagonizada por Snoop Dogg, así como el de The Haunting in Connecticut (2009) que se convirtió en una pequeña sorpresa comercial.

FilmBunker.NET | Carnosaur (1993), Adam SimonPersonalmente, aparte de estos últimos títulos inanes en su obra, siento una debilidad especial por el segundo título en la filmografía de Simon, la incomparable Carnosaur, elegida Peor Película del Año por Siskel & Ebert, y que cuenta con los que probablemente sean los peores efectos especiales de principios de los 90. Uno ve Carnosaur y no se puede creer que saliese solo 4 meses antes que Jurassic Park (lo cual hizo que se la considerase un mockbuster); los dinosaurios están tan mal hechos y el guión es tan estúpido que la película se convierte en una experiencia divertidísima difícil de igualar. Sobre todo si se ve en italiano, como hizo un servidor. Y es que una película protagonizada por Diane Ladd (Wild at Heart) y Jennifer Runyon (Ghostbusters) en la que aparece una señora pariendo un dinosaurio… merece ser vista.

FilmBunker.NET | Brain Dead (Paranoia), Adam Simon 1990Pero lo realmente curioso del caso de Adam Simon es que su mejor obra sea su primera película, Brain Dead, título que a menudo hace que se confunda con Braindead (el genial ‘slapstick gore’ de Peter Jackson) estrenada dos años después. Se trata de una película peculiar. Quizá la palabra “peculiar” se quede corta. Es uno de esos títulos que ves hace decenas de años y de alguna manera logra quedarse escondida en las circunvoluciones del cerebro, algunas de sus imágenes logran aferrarse a tu retina y quedarse ahí para siempre. Pero la impresión más fuerte que provoca es, quizá, la del desconcierto y la confusión de su desarrollo. Vayamos por partes.

FilmBunker.NET | Brain Dead (Paranoia), Adam Simon 1990

El neurocirujano Rex Martin, interpretado por Bill Pullman, recibe un buen día la visita de su viejo amigo Jim Reston, papel del que se ocupa otro Bill, en este caso Paxton. Con semejante pareja actoral ya tenemos excusa suficiente para sumergirnos en este caldo. Si esto no les resulta suficiente, esperen a leer esta sinopsis extendida. Reston, alto ejecutivo en la Corporación Eunice (¡la misma pérfida empresa que modificará genéticamente a los pollos para recrear dinosaurios asesinos en Carnosaur!) le pide a Rex un favor que va más allá de los límites deontológicos de la medicina. Un genio matemático llamado John Halsey (interpretado por Bud Cort, a quien quizá recuerden de Harold and Maude, de la que ya hablamos hace algún tiempo) se encuentra encerrado en el manicomio Lakeside. Es posible que su psicosis paranoide tenga algo que ver con su ingreso en dicha institución. Y también es posible que Halsey conserve escondidas en su perjudicada mente unas fórmulas secretas que la corporación necesita y por las que está dispuesta a todo. El dilema moral en el que se debate Rex supone el primer punto de interés de la cinta; el procedimiento experimental que Reston le pide que ejecute en el cerebro de Halsey es una cirugía arriesgadísima que requiere abrir el cráneo de Halsey y manipularlo directamente. Todo empieza a desmoronarse en la vida de Rex cuando, tras la exitosa operación –que concluye con un Halsey mucho más dócil y propenso a colaborar–, la corporación Eunice decide incorporar el vanguardista procedimiento neurocirujano de Rex a su lista de productos y servicios, vendiendo la “paz interior” a quien pueda permitirse pagar la complicada operación. ‘The New You, by Eunice’ es el eslogan. Pero es entonces cuando Rex, completamente opuesto a la comercialización de lo que no es sino un nuevo método para efectuar lobotomías, comienza a experimentar una ruptura con la realidad; al despertar de una crisis nerviosa en la cama de un manicomio (demasiado parecido a la que era su consulta), es visitado por un doctor que le convence de que él ni es doctor, ni se llama Rex Martin.

FilmBunker.NET | Brain Dead (Paranoia), Adam Simon 1990Diálogos irrisorios, planteamientos naif y escenas casposas a más no poder se mezclan con un planteamiento nada estúpido, con momentos brillantes y giros cada vez más y más retorcidos (parece que estamos en una especie de Inception o, por qué no, una fuente más de la que pudo beber Matrix) que plantean de un modo muy intenso y visceral lo que es el espejo roto de la locura, las identidades múltiples o concéntricas (ver Lost Highway si se quieren buscar paralelismos) y la paranoia de estar convencidos de que alguien esté jugando con tu mente. Convencidos de que lo que estamos experimentando no sea la realidad, sino la alucinación paranoide de otra persona que cree que somos nosotros. Todo un descenso hacia el infierno de la demencia en una estructura fractal de pérdidas y recuperaciones de conciencia, hasta llegar a una región tan lejana y tan enterrada debajo de tantas otras (como ocurría en eXistenZ de Cronenberg), que la única certeza que queda es la locura absoluta. Todo ello con una atmósfera de serie B, e incluso de film noir si se me permite (lo cual remite a la cinta de Sam Fuller Shock Corridor ya analizada por estos lares), mezclado con momentos humorísticos en los que se ríe de sí misma y hasta pinceladas de cine de terror (sin gore, eso sí, más allá del cráneo abierto) que camina sobre la cuerda floja entre lo “freaky” y lo filosófico con la agilidad suficiente para nunca caer a la red.

Una película sin fuegos artificiales, cuya mayor fortaleza es su audaz guión (co-escrito con Charles Beaumont, responsable de algunos de los mejores episodios de Twilight Zone), guión desprovisto de frases memorables pero con una estructura que te envuelve y te entierra en su propuesta. Una película con un presupuesto ridículo que es gestionado de manera sobresaliente por Adam Simon y mantenido a flote por el doblete de Bills que interpretan a los personajes protagonistas con una mezcla de humor, cinismo y ese punto de paroxismo y desquicie propio de la serie B. La típica película de la que muchos dirían que “es mejor ver fumado”. Yo pienso que da igual como se vea. En ningún caso perderá el encanto.