Branded to Kill

Título: Branded to Kill (Branded to Kill)
País y año: Japón, 1967
Dirección: Seijun Suzuki
Intérpretes: Jô Shishido, Kôji Nanbara, Isao Tamagawa, Annu Mari
Guión: Takeo Kimura, Atsushi Yamatoya, Seijun Suzuki
Cartel de Branded to Kill

(Publicado anteriormente en Revista Fuerza Vital)

No es de extrañar que la productora Nikkatsu se cabreara en 1967 con Seijun Suzuki y le desterrara de todos sus planes futuros después de que Branded to Kill terminara siendo en sus manos un kabuki noir surrealista en lugar de una serie-B más de Yakuza exploitation, que era la intención de la compañía. Después, evidentemente, su prestigio fue restaurado y en los 80 la cinta comenzó a ganar fama internacional, y junto a películas como Tokyo Drifter, del año anterior, comenzó a forjar la leyenda de un director incomparable. En 2001 llegó a rodar la  fallida secuela de Branded to Kill, titulada Pistol Opera.

"Suzuki hace películas incomprensibles. Suzuki desobedece las órdenes de la productora. Las películas de Suzuki son fracasos que salen muy caros. Suzuki no debe hacer más películas; debe retirarse. Suzuki debería abrir un restaurante de noodles o dedicarse a cualquier otra cosa." ~ Kyūsaku Hori, presidente de Nikkatsu

El periplo pseudo-simbólico de Goro Hanada, un asesino a sueldo con mofletes de ardilla que hace trabajos sucios para la Yakuza —una Yakuza kitsch, casi naïf— es un arrebato de fetichismo (¡vapor de arroz afrodisíaco!), de jazz sesentero, de cámara sin trípode y de fotografía entre diletante y magistral; un periplo hacia un lugar mucho más allá de lo 'indie' o lo ‘hip’, una caída libre hacia el núcleo solar del pop. ¡¿Matar a un optometrista?! La libertad estilística y narrativa te libera del género y sus causalidades, la improvisación sin un guión cerrado es la aniquilación del lugar común. Audacia. Estilo (estilismo) cuasi-espontáneo propio de un amante del cine haciendo cine, un protoalmodóvar nipón.

"Drink and women kill a killer…" Rodeado de ineptos, Hanada es un auténtico "pro", un samurai moderno. Brutal con las mujeres, desnudas siempre, un James Bond de serie B — con B de Bushidō. Escenas desnudas de andar por casa (o por duplex cool); ‘eros’ doméstico, sexo y cuerpos enroscados y bofetadas al ritmo de un montaje con la espontaneidad de un aficionado que se sabe con suerte. ¿A dónde va todo esto? Al 'ring' del duelo con uno mismo.

Presupuesto pírrico como toda obra de culto que se precie. Muñecos de trapo cayendo por los tejados, piruetas hiperbólicas de pistoleros anónimos, sonidos de disparos como martillazos en chapa, doblaje disasociativo en estudio, silencios repentinos inusitados, tiroteos que en la sala de montaje se vuelven enigmas… Presupuesto pírrico, sí, pero gran valor al cambio: sus encuadres en NikkatsuScope (la respuesta al CinemaScope americano) han sido replicados por Jarmusch, Woo, Park, Tarantino... Branded to Kill es como Public Enemy; todos la citan entre sus influencias. Hasta John Zorn tiene una colección de carteles originales de Shishido Joe, actor fetiche que encarna a Hanada, anti-héroe prototípico de Suzuki. (Shishido comenzó su carrera de actor en la mediocridad hasta que se sometió a la cirugía estética para exagerar sus mejillas, consiguiendo el éxito inmediato y convirtiéndose en el hombre ardilla. Una historia sin igual.)

En definitiva, una oda camp transitada por mujeres mariposa indo-niponas con un impulso de muerte irrefrenable que traen misiones imposibles, mujeres secuestradas que proyectan sombras que sepultan el prestigio del asesino y le hunden en alcohol, lo impensable. Anne Mari. Frigidez. Sinsentido. La mujer cinemática proyectada en la pared, hecha de sombras. Es el fin de la pesadilla – y del sueño. Obsesión y perdición, crisis romántica… al acecho de Phantom Number One, la némesis definitiva.

"Namba wan-ka"