Corredor sin retorno

Título: Corredor sin retorno (Shock Corridor)
País y año: EEUU, 1963
Dirección: Samuel Fuller
Intérpretes: Peter Breck, Constance Towers, Gene Evans, James Best
Guión: Samuel Fuller
Cartel de Corredor sin retorno

Llegué a Corredor sin retorno de una manera un tanto azarosa. Estos días me encuentro haciendo un exhaustivo ciclo de serie negra, y después de retozar con las décadas de los 40’s y 50’s me apetecía algo de los años 60, y fue así que caí en los brazos de Fuller y su Underworld U.S.A. (1961). Se trataba de un neo-noir bastante impecable, con un personaje principal frío y violento, que resuelve dedicar su vida entera a llevar a cabo la venganza de la muerte de su padre a manos de unos gangsters que terminan controlando la ciudad. La corrección técnica de esta película, su crescendo en suspense, la fotografía y un montaje de una intensidad notable, me llevaron a la decisión de ver un par de películas más de Fuller. No podía ser House of Bamboo (1955) porque quería salirme un poco del cine negro. De modo que fui a parar, azarosamente como dije, con unas ilustraciones de uno de mis dibujantes de cómics preferido, Daniel Clowes, realizadas para las cubiertas de la edición en Criterion de dos obras de Fuller: The Naked Kiss (1964) y la que nos ocupa, Shock Corridor (1963). En fin, un motivo como cualquier otro. De forma que ya tenía Fuller para el día.

The Naked Kiss | FilmBunker.NETSon dos películas muy diferentes pero que tienen una continuidad en la obra de Fuller sensiblemente evidente. Para empezar, la figura de Constance Towers, una actriz firme y muy solvente, capaz de pasar de una intensidad femenina muy poderosa y granítica, a momentos de gran emoción y sentimientos de debilidad con una facilidad y una credibilidad pasmosas. No solo Towers, sino otros miembros del reparto son compartidos por ambas películas (excepto el papel masculino protagonista) dando ciertamente la impresión de contar con una camarilla de artistas y, probablemente, amigos, entre los que se encontraba toda una caterva de intérpretes secundarios como Marie Devereux, Karen Conrad y el inquietante y perturbador Neyle Morrow, que en Shock Corridor interpreta a un psicópata desquiciado y que recuerda vagamente a un Bobby Perú anémico. Samuel Fuller se encargaría del guión, la producción y la dirección, y prácticamente contaría con el mismo equipo técnico en ambas, tanto para la música como la fotografía, el montaje o la dirección artística. Es curioso empezar a ver The Naked Kiss y ver cómo los personajes pasean bajo una marquesina en la que se anuncia la proyección de… ¡Shock Corridor! Un detalle ciertamente hitchcockiano.

Shock Corridor | FilmBunker.NETSin embargo, como dije, ambas películas son muy diferentes. Mientras The Naked Kiss es un ejemplo de cine negro con implicaciones oscuras y profundas, netamente femenina y que pulsa teclas emotivas mucho más sutiles y sugerentes, Shock Corridor es un despliegue de personalidad, un viaje a la locura, un ejercicio de estilo muy lejos de la perfección técnica o narrativa (el montaje tiene ciertas torpezas que, sin embargo, la hacen más entrañable), más interesado en ser expresivo que en ser perfecto. También tiene momentos interpretativos por parte de Peter Breck, el actor protagonista, rematadamente malos e irrisorios, alternados con otras escenas interpretadas maravillosamente. Por cierto, sus alaridos son propios de una auténtica “reina del grito”, una scream queen de una película de terror.

A quién le importa. Es evidente que la campaña de promoción era consciente del valor pulp y de serie-B de una película como esta, y así la anunciabaDiagnosis: Erotic dementia! Este carácter ‘underground’ de Shock Corridor es lo que más me interesa y entretiene, por su expresividad, su lenguaje cinematográfico libre de ataduras académicas, y por sus desquiciados temas. Y es por ese motivo por el que he decidido escribir sobre esta película, aun siendo consciente de que The Naked Kiss (aun tocando también temas muy complicados como los bajos fondos, la prostitución y el abuso infantil) es probablemente mejor película.

Shock Corridor | FilmBunker.NETShock Corridor es la historia de un periodista del Daily Globe llamado Johnny Barrett, interpretado por Breck, que decide entrar en un manicomio para dementes haciéndose pasar por un obseso sexual fetichista. El motivo detrás de esta decisión es que en el interior de la institución se encuentran confinados tres pacientes que resultan ser testigos de un asesinato que Barrett se encuentra investigando. Su objetivo último es ganar el Premio Pullitzer con la historia. Para ello, su novia (una stripper interpretada por Towers) se hace pasar por su hermana, que le denuncia por acoso sexual. Pero todo esto no es más que la excusa para mostrarnos el interior del sanatorio, con sus personajes destrozados por la locura, y darles voz. Eso es lo que le interesa a Fuller: darle voz a la locura de tres personajes que representan a la America de la posguerra y, de paso, hacer un carrusel de los temas más dolorosos de la época: el racismo, el horror nuclear y la alienación de los prisioneros de guerra (hay que recordar que un año antes se había estrenado The Manchurian Candidate, de Frankenheimer, que trataba del tema del lavado de cerebro al que sometió Corea a algunos prisioneros de guerra para convertirlos en terroristas por su causa).

Who killed Sloan in the kitchen?!

Si bien en el tráiler de 1963 se presentaba Shock Corridor como una “representación realista” de la vida en el interior de un manicomio, no hay nada más lejano de la realidad. El sanatorio mental donde se desarrolla la película es uno de los más exagerados e irreales jamás vistos en el cine: la locura de sus reclusos es irreal, llevada al paroxismo. La escena en la que Barrett es atacado por las mujeres del ala femenina de la institución (“Nymphos!”) es ciertamente un desgajo de irrealidad absolutamente delicioso. Y ahí es donde la película adquiere su valor camp. No intencionadamente, por cierto, sino por la ya mencionada personalidad del cineasta. Susan Sontag, en su ensayo “Notas sobre el camp” dice cosas como estas:

All Camp objects, and persons, contain a large element of artifice. Nothing in nature can be campy (…) It is the love of the exaggerated, the "off," of things-being-what-they-are-not (…) One must distinguish between naïve and deliberate Camp. Pure Camp is always naive. Camp which knows itself to be Camp is usually less satisfying. The pure examples of Camp are unintentional; they are dead serious.

Como digo, la película utiliza recursos que, aunque para Fuller son realmente serios, evocan unas texturas y un lenguaje plenamente camp: los desvaríos de locura de los personajes son en color, lo cual descoloca tremendamente al principio...; algunos fundidos son ciertamente audaces, como los que muestran a Constance Towers en su 'atuendo' de stripper llenando los pensamientos de Barrett...; las voces en off con los susurros de los pensamientos perturbados de los personajes con un ligero eco...; el uso de la música, tosco y súbito, que se corta inesperadamente con un golpe de puño… Todo ello contribuye a crear una obra que mantiene todavía toda su frescura y su honestidad, con un final muy propio (a la par que previsible) de este tipo de producciones y que hará las delicias de los gourmets del cine más bizarro.

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