El largo viernes santo

Título: El largo viernes santo (The long Good Friday)
País y año: Reino Unido, 1979
Dirección: John Mckenzie
Intérpretes: Bob Hoskins, Helen Mirren, Kevin McNally, Paul Freeman, Billy Moody
Guión: Barrie Keefe
Cartel de El largo viernes santo

Pese a que Los caballeros de la tabla cuadrada había sido un éxito, lo cierto es que Monty Python se encontraba en un proceso evidente de desintegración desde el rodaje de la película. Las diferencias creativas entre los miembros y un rodaje algo más que tortuoso provocaron que John Cleese abandonara el grupo cómico y se enrolara en la producción de Fawlty Towers, una serie donde encontraría el esparcimiento necesario para hacer lo que le diera la gana sin tener broncas con Terry Jones y, claro está, hacer un tipo de humor más alejado de la línea del absurdo y el disparate del que era bandera su antiguo círculo de amigos.

Para 1978, y con todos dándose al fin un respiro, la maltrecha economía del grupo (embarcado en proyectos personales fracasados y arrastrando las deudas de unas giras teatrales tan divertidas como ruinosas) y la sensación de que todavía tenían algo que decir los reúne de nuevo para, siguiendo la coletilla montypithonesca, hacer “algo completamente diferente”.

El resultado es un irreverente guión que parte, virtualmente, de un tabú: hablar de religión. No les engaño, de hecho serán conscientes, de que no hay nada menos agradecido a la hora de hacer chistes que la religión y, mucho menos, si se trata de una religión mayoritaria.

Partiendo de una sinopsis algo arriesgada (¿Qué pasaría si el mismo día que nació Jesucristo, en el pesebre de al lado, una mujer soltera hubiera dado a luz a un peatón del mar muerto llamado Brian?) Monty Python comienza a buscar financiación y… todas las puertas se cierran con un incómodo murmullo que los acompaña hasta la puerta de salida.

Es en este momento en el que Eric Idle, amigo personal de George Harrison, le hace llegar el guión al ex-beatle que se lo lee una tarde y, según propia confesión, decide que le gustaría ver esa película en la gran pantalla. Ni corto ni perezoso, para llevar a cabo tamaña empresa, funda junto al abogado norteamericano Dennis O'Brien la productora cinematográfica HandMade Films. “Esa debe de ser la entrada más cara de la historia del cine” dijo Terry Jones al enterarse de que el capricho (acertado) de Harrison llevara a la gran pantalla la película más taquillera y exitosa de los Python. El grupo, por devolverle el favor al guitarrista, le permitió hacer un papel como figurante en la escena en la que las dos facciones (el Ejército Popular de Judea y el Frente Nacional de Judea… o algo así, todos eran unos “disidentes”) coinciden en el Palacio del Gobernador romano para secuestrar a su esposa y acaban matándose a golpes ante la atónita mirada del cuerpo de guardia.

Mucho debió de gustarle el experimento a George Harrison, y los beneficios derivados de su buen ojo como lector de guiones, porque la compañía que había nacido para producir una única película se convirtió en una fantástica factoría de títulos ingleses de toda índole que ha ido cambiando de manos paulatinamente (no pertenece desde hace años a sus fundadores) y que, con buen ojo, eligió proyectos arriesgados que, de otro modo, quizás nunca hubiéramos visto en la gran pantalla. Aunque quizás deberían de haberse ahorrado ese momio titulado Shangai Surprise (Jim Goddard, 1986), film que sirvió para demostrar una cosa: que el hecho de que Madonna se hubiera casado con Sean Penn no la convertía en una buena actriz, ni siquiera en una película hecha, casi exclusivamente, para su lucimiento. “Películas donde aparece Madonna” debería de ser considerado un subgénero de terror.

Paralelamente al estreno de La vida de Brian, y su gran éxito, al otro lado de la ciudad de Londres se estaba filmando El largo Viernes Santo.

La película ha nacido entre problemas. Su guionista es el autor teatral Barrie Keffee que ha trabajado bajo encargo de Euston Films, una subsidiaria de Thames Television (propiedad de la BBC) que, al ver el material, se ha negado a llevarla a la televisión por su enorme carga violenta y, sobre todo, porque maneja material político peligroso. Con el proyecto en punto muerto es un productor llamado Barry Hanson que la adquiere para producirla con su propia compañía, la pequeña Calendar Films y pretende venderla a televisión. Así lo hace pero los nuevos dueños de la cinta se asustan y deciden darle salida dos años después (en el 81) con un nuevo montaje y una versión americana en la que la voz de Bob Hoskins ha sido doblada por otro actor.

Según Hanson la versión recortada es una “mierda y un absurdo de 75 minutos”. Es entonces cuando recurre a Harrison y a HandMade para que sea la nueva compañía la que la lleve al cine. Harrison la ve y le gusta, así que la compra para su exhibición íntegra. La película se convierte en un éxito.

¿Y qué tenía El largo Viernes Santo para resultar tan sumamente obscena? ¿Para recortarle 39 minutos de metraje?

Harold Shand (Bob Hoskins) es un mafioso inglés muy hortera, al estilo de los de Get Carter (1971), que ha decidido convertirse en un hombre de negocios respetable. Duro y sin escrúpulos, Harold ha conseguido labrarse una posición de privilegio dentro del mundo del hampa y cuenta con el apoyo económico de la Mafia norteamericana para adquirir unos terrenos en una zona deprimida que ellos mismos urbanizarán y que se convertirán en un chorro de millones de libras cuando la ciudad sea designada para celebrar los Juegos Olímpicos de 1980 (recordarán ustedes que, en el mundo real, se los llevó Moscú). Todo parece ir sobre ruedas hasta que, de pronto, una bomba estalla en su coche a modo de aviso y, después, una serie de atentados encadenados ponen en peligro tanto la operación inmobiliaria soñada como el patrimonio y su posición dominante dentro del hampa. ¿Quiénes son los enemigos de Harold y su organización? ¿Hay infiltrados? ¿Por qué de pronto todo empieza a ir tan mal? ¿Qué pasará con sus socios americanos?

El guión de Keffee, que no volvió a firmar un guión para la gran pantalla hasta el año pasado (Sus), es una brillante pieza de relojería a la que el escocés John Mackenzie dotaría del pulso narrativo necesario para contar una historia que se desarrolla en el clima asfixiante de un Londres empobrecido tras la enorme crisis económica del 73, en un panorama en el que se respira la corrupción política y policial y sobre el que planea la sombra del I.R.A. convertido, en esta ocasión, en un extraño sindicato dispuesto a llevarse una tajada de las operaciones de su protagonista en concepto de impuesto revolucionario. Un panorama, en la tardía Guerra fría, que se nos asemeja bastante más real que cinematográfico.

El director, que luego explotaría al máximo este tipo de historias de corte político y de intriga con Cónsul honorario, El cuarto protocolo, Ruby o la interesante El valor de la verdad, dota a El largo Viernes Santo de un ritmo trepidante, de un montaje espectacular y de unas escenas de acción a la altura de la historia de un gánster que tiene que resolver en tiempo récord un puzle al que parecen faltarle piezas por todas partes.

Bob Hoskins se descubre por primera vez como el gran actor que ha sido durante toda su carrera acompañado de Helen Mirren, esa actriz que no fue tomada más que como un florero hasta que envejeció y pudo dar cuenta de lo gran actriz que era. El reparto está lleno de caras conocidas del cine británico que rinden a gran nivel como Kevin McNally, Paul Freeman o Billy Moody. Como nota a pie de página quedará que el guaperas Pierce Brosnan hizo en esta película su debut en el cine.

La película maldita, esa que nadie quería llevar a la pantalla por ser un avispero de cuestiones políticas de esas que es de mal gusto tocar en público, es un ejercicio cinematográfico brillante que transmite toda la dureza y el malrollismo de sus personajes y que, por derecho propio, fue designada por la Academia de Cine británica como unas de las mejores 100 películas de la historia del cine. No en vano El largo Viernes Santo es considerada la mamá de títulos como Lock and Stock, Snatch, Veronica Guerin, Agenda oculta y tantas y tantas películas británicas que nos han enseñado que la mezcla de mafioseo con olor a fish and chips y politiqueo barato no es solo cosa de nuestra Costa del Sol.

Sin quieren darse un paseíto por el Londres menos pinturero ya saben, el malvado Bob Hoskins les está esperando con una copa de champagne y una sonrisa hortera al pie de su yate.