Kin-Dza-Dza!

Título: Kin-Dza-Dza! (Кин-дза-дза!)
País y año: Rusia, 1986
Dirección: Georgi Daneliya
Intérpretes: Stanislav Lyubshin, Evgeni Leonov, Yuriy Yakovlev
Guión: Georgi Daneliya, Revaz Gabriadze
Cartel de Kin-Dza-Dza!
Esta reseña revela detalles del argumento

Bien sabido es que la ciencia ficción se presta especialmente al comentario social. Esto es debido a las infinitas posibilidades expresivas que permite la recreación de un futuro más o menos lejano exagerando los males del mundo actual hasta el paroxismo. De igual modo, el humor y sus formas (la parodia, la comedia, el surrealismo) ofrecen terrenos abonados para la crítica social debido a sus dobles sentidos y sus ilimitadas interpretaciones subjetivas, algunas de las cuales pueden encerrar críticas demoledoras acerca de problemas muy serios —tanto las tragedias que provocan ciertos regímenes políticos como las injusticias y miserias endémicas de la humanidad— sin dejar por ello de ofrecer auténticos carnavales de risas que hasta el más despistado espectador puede disfrutar.

Pues bien, Kin-dza-dza! es todo esto y mucho más. Es una desternillante comedia steampunk de la más pura ciencia-ficción, es una obra de culto cocinada en la Rusia post-soviética de finales de los 80, es una mezcla entre las Ciberíadas de Stanislaw Lem y el surreal mundo de Terry Gilliam (por cierto, el actor Yuriy Yakovlevse que interpreta el papel de Bee se da un aire al John Cleese de La vida de Brian), y es también una comedia absolutamente desquiciada que no deja de provocar carcajadas durante todo el metraje por absurda y ocurrente. Es una obra indispensable para todos los amantes de la ciencia ficción, pero que cualquiera puede disfrutar mientras esté bien predispuesto a una buena dosis de buen humor y surrealismo a ultranza.

Vladimir Nikolaevich (‘tío Vova’) es un moscovita anodino que trabaja como capataz de obra. Es un tipo serio e institucionalizado; un ciudadano medio, burocratizado, con el típico perfil comunista de la Rusia de mediados de los 80. Su carácter estoico no significa que no disponga de grandes dotes adaptativas y un cierto sentido del humor, como se irá desvelando poco a poco. En plena calle se encuentra con Gedevan Alexandrovich, joven y flemático ciudadano de Georgia (por aquella época aún bajo la bota de la URSS), algo más enclenque y débil,  ambicioso y con opinión pero torpe y —al menos al principio— sumiso. Esta sumisión se convertirá en sincera lealtal hacia Vladimir con el devenir de los acontecimientos, superando cualquier posible paralelismo que pudieran presuponer los orígenes nacionales de ambos. La espontaneidad de lo humano destruye la predictibilidad de lo político. De hecho, lo más destacable de estos personajes es su humanidad y realismo, lo creíbles que resultan y lo cercanos que nos parecen, a pesar de sus extrañas y airadas reacciones a un entorno totalmente absurdo. Pronto nos pondremos de su lado, nos identificaremos y les querremos como ellos terminan queriéndose entre sí a pesar de sus diferencias.

La película se divide en dos partes, como podría estarlo un libro, de aproximadamente una hora cada una. Supongo que se proyectaba en dos sesiones; yo, al menos, hice una pausa entre ambas partes para comer algo y proseguir después el visionado. La puesta en escena es sencilla y fulminante: Ambos personajes se cruzan en las calles de Moscú y se encuentran con un mendigo descalzo que les muestra un artefacto de extraño aspecto con unos agujeros en forma de espiral. Tras tocarlo, Vladimir y Gedevan son teleportados instantáneamente al desértico planeta Pluk en la galaxia Kin-Dza-Dza, un sector cósmico infinitamente lejano de la Tierra y conocido por los “viles impulsos” que guían a sus pobladores. Así, sin más, y en menos de cinco minutos, nos encontramos en medio de esta aventura y empezamos a descrifrar, tan atónitos y recién llegados como Vladimir y Gedevan, los interrogantes de este nuevo mundo. Al cruzarse con los primeros habitantes de Pluk, el Chatlan Wef y el Patchak Bee, los protagonistas creen encontrarse en Marte, pero pronto son disuadidos de tal idea. Y pronto comprenderán también que regresar a la Tierra será una desventura repleta de sorpresas, obstáculos y despropósitos.

Lo primero que nos choca es el vocabulario de los habitantes de Pluk. El término ‘Ketse’ se refiere a las cerillas, sí, las cerillas corrientes, que en este planeta son deseadas con ambición por todo el mundo, si bien nunca sabremos por qué. Son lo que mueve a Wef y Bee; su codicia, su ansia por conseguir 'ketses' son parte del impulso de la historia. Ambos se desplazan en un ‘pepelatz’, que no es otra cosa que una nave espacial (por lo general con forma de campana); al parecer, en georgiano la palabra ‘mariposa’ se dice pepela. Pero la cosa no termina ahí. ‘Tsapa’ es un término general que se refiere a cualquier máquina o mecanismo; ciertos ‘tsapas’ pueden formar una ‘gravitsapa’, que es el artefacto que permite a los ‘pepelatz’ realizar viajes intergalácticos. La policía se llama ‘ecilop’ (police al revés), y básicamente se dedica a humillar y abofetear a diestro y siniestro; si todo esto nos enfada, siempre podemos exclamar ‘¡kyu!’, el equivalente a ¡mierda!. Pero sin lugar a dudas la palabra más extendida es ‘Koo’, que sirve para designar todas las demás cosas. Cada vez que un personaje de Kin-dza-dza dice ‘‘¡Koo!’ es más gracioso que la vez anterior, hasta que llega un punto en que el espectador corre el peligro de terminar diciéndolo él mismo entre risas. Todo esto es demasiado hilarante como para dejarnos indiferentes.

Pronto entendemos que un Chatlan es superior a un Patchak, y que los últimos deben sumisión a los primeros. Ante un nivel social superior, ha de saludarse con un “¡Koo!”, darse una palmada en las mejillas y acuclillarse con los brazos extendidos. Si la persona de rango superior lleva, además, pantalones amarillos, hay que decir “¡Koo!” dos veces. Los Patchak también deben ponerse una argolla con una campanilla colgando de la nariz para representar su bajo nivel. Tras presenciar este ritual varias veces, el espectador no puede evitar partirse de risa y es posible que al día siguiente, al llegar al trabajo, salude a su jefe de esa manera. Como puede suponerse, Kin-dza-dza! es, entre muchas otras cosas, una historia que muestra la humillación y el racismo en Pluk, nos presenta un mundo cruel y distópico que desgraciadamente nos costará esfuerzo no comparar con nuestro propio mundo. Es una historia divertida, pero también melancólica y profunda. Todo tiene un precio en Kin-dza-dza, por muy bajo que sea; incluso la dignidad. Siempre se hace trampas; de hecho, sin hacer trampas no se sobrevive. La mezcla de sabores dulces y amargos que deja en la boca esta película la convierten en toda una fuente de reflexiones. Es este sentido, la música representa muy eficazmente esa dualidad con un humor y un patetismo circense; la versión del “Strangers in the night” (o debería decir “¿Strangers in the Koo?”) que interpretan Vladimir y Gedevan encerrados en la jaula es absolutamente desternillante, si bien dan ganas de llorar al mismo tiempo. La emotividad va creciendo hacia el final y, para cuando el plantel de desgraciados protagonistas, derrotados y exhaustos, llega al planeta Hanut, asistimos a una triste escena de resignación que desarma al más pintado.

Los escenarios y el diseño de producción merecen sin duda una mención especial por su originalidad y el modo en que contribuyen a construir una estética propia e irrepetible, mezcla de Mad Max y Salvador Dalí, o quizá entre Dune y una estampa circense. La noria de óxido y chatarra en que se esconden algunos desgraciados, el carruaje de la chica saltimbanqui, el ‘supermercado’ y el globo gigante que flota sobre él, todos los engranajes, las máquinas de vapor, los muelles, las tuercas, la arena, la grasa y la suciedad… Teniendo en cuenta las limitaciones técnicas de la época, se consigue una ambientación tan buena que no sólo no tiene nada que envidiar a las grandes producciones hollywoodienses sino que las supera en cuanto a la creación de una atmósfera, un mundo de sensaciones que se quedan adheridas a la piel y a la retina. En el cine fantástico esto es importantísimo. Si bien Kin-dza-dza! es una comedia de principio a fin, también es una película futurista que tiene la ambición de convencernos de que efectivamente estamos allí con los personajes, de que ese mundo existe y que no es cartón piedra. De que nos creamos todo, de suspender la incredulidad a pesar de lo salvajemente absurdo que resulta todo. Al final, recordaremos Pluk como algo real, como un lugar en el que hemos estado, diferente de cualquier otro mundo conocido. De hecho, el paisaje que muestra la panorámica con la que se abre la película es el de un desierto seguramente localizado en algún lugar de Rusia, pero que para mí es y será siempre el planeta Pluk, con sus peculiares y hermosas formaciones rocosas entre dunas.

Georgi Daneliya dirigió "Tridtsat Tri" / Thirty Three (A Non-Science Fiction) en 1965; fue su primer intento de realizar una comedia de ficción especulativa. En aquel entonces fue considerada “anti-soviética” y fue prohibida. No fue la única, por supuesto. Kin-dza-dza! fue producida en 1986, tres años antes de la caída del muro de Berlín, por los estudios Mosfilm Cinema Concern rusos (de origen soviético), los más grandes y antiguos de Europa. Kin-dza-dza! se benefició del inicio coyuntural de la perestroika en Rusia y no sufrió censura alguna. Se convirtió rápidamente en obra de culto en las repúblicas soviéticas y muchos otros países caucásicos y de la Europa del Este por su comentario social y su sentido del humor absurdo; sus diálogos son celebrados por sus miles de seguidores del mismo modo en que pueden serlo los de Rocky Horror Picture Show, salvando las distancias. Tuvo una serie de TV y supuestamente se está realizando una versión en dibujos animados que puede llegar a ser estrenada este mismo año, con la finalidad de que la exitosa historia alcance audiencias más jóvenes. Muchos rusos se preguntan por qué muy poca gente en Europa o América ha visto esta película —al menos, no el público más generalista— aunque es verdad que nunca se publicó en DVD ni fue estrenada en los cines occidentales y tan sólo existe una versión en inglés doblada por el propio Consejo Ruso del Cine en 2005. De cualquier forma, en Japón tuvo una aceptación considerable, lo cual no es tan de extrañar conociendo la avidez cultural y capacidad de absorción de los nipones, sobre todo en lo tocante a obras de culto y con valor fetichista.