Los perros dormidos mienten

Título: Los perros dormidos mienten (Sleeping Dogs Lie)
País y año: EE UU, 2006
Dirección: Bobcat Goldwaith
Intérpretes: Melinda Page Hamilton, Bryce Johnson, Geoff Pierson, Colby French, Jack Plotnick
Guión: Bobcat Goldwaith
Cartel de Los perros dormidos mienten

¿Es la sinceridad la base de una sana vida de pareja? ¿Es conocer todo del otro el pilar imprescindible en el que se asientan el amor y el respeto o por el contrario es mejor mantener siempre una pequeña parcela privada?

Amy (Melinda Page Hamilton) es una brillante estudiante. Una noche, mientras está estudiando sola en su residencia universitaria, una estúpida idea se le pasa por la cabeza: hacerle una felación a su perro. Y la lleva a cabo. Años después el hecho todavía la atormenta y no lo ha compartido con nadie. A diario piensa en ese hecho y más ahora que vive una vida en pareja junto a John, un aspirante a escritor, y en las conversaciones que tienen él le interroga continuamente por su vida pasada, por sus ligues anteriores, por las cosas que ha hecho con ellos y, claro está, con los secretos más oscuros de su pasado sexual.

Cuando ambos van a visitar a los padres de ella, una pareja muy conservadora que ni siquiera les permite dormir en la misma habitación mientras permanezcan bajo su techo, la pareja se esconde en el garaje de la casa para pasar un rato juntos antes de dormir. Lo que ninguno de los dos sabe es que Ed (Jack Plotnick), el hermano yonqui de Amy que vive atormentado por la idea de que su hermana es la hija preferida que nunca ha roto un plato, está escondido en el mismo garaje. Amy le cuenta a John aquel incidente con el perro y, entonces, se abre la caja de los truenos.

Bobcat Goldwaith, más conocido por ser el actor que encarnó al Cadete Zed en Loca Academia de Policía II (y luego en las restantes pelis de la saga), llevó a la pantalla esta comedia de tintes bizarros y de chistes incómodos que ya era bandera del humor que despliega en sus shows de stand up y que le han hecho aliado de cómicos del mismo corte como Dave Chapelle o Jimmy Kimmel. Años después volvería a la gran pantalla con la notabilísima World's Greatest Dad (2009) protagonizada por Robin Williams que, pese a pasar desapercibida, es una de las grandes comedias de comienzos de este siglo y posiblemente el mejor papel del cómico americano hasta la fecha.

Revolviendo los códigos de la comedia romántica Goldwaith construye una historia honesta y chiflada sobre los tabúes sexuales y los mecanismos de las relaciones de pareja, sobre los sentimientos de culpa y, claro está, los defectos de los seres humanos. Una película que avanza a dentelladas (caninas y humanas) y que hurga sin contemplaciones en todo lo que produce vergüenza ajena y propia. Sin demasiadas contemplaciones y apartando los sentimentalismos a un lado el director opta por el camino del chiste crudo y directo al estómago, un golpe en el músculo de la risa de esos que te hacen reir y a la vez llorar o, por lo menos, sonrojarte.

Sin dejar pollo con cabeza Los perros dormidos mienten escarba secundariamente en la vida de otras parejas además de la protagonista (padres y amigos…) y tiene tiempo, claro está, de regodearse en esa organización social que llamamos “familia”.

El presupuesto bajísimo y un reparto hecho de secundarios ilustres rescatados por la televisión (la protagonista hace ahora el papel de Ann Draper en Mad Men, el coprotagonista tiene un papel en Pretty Little Liars, Geoff Pierson se hizo famoso por sus diálogos con el muñeco de trapo Mr. Flappy en Infelices para siempre…) y una puesta en escena y una realización sencilla son algunos de los rasgos de esta película que por su temática imagino que no fue fácil de llevar a cabo. En realidad no se necesita más para hacer una buena comedia descacharrante y desarmante donde la risa fluye con regusto a bilis y a mala conciencia, todo hay que decirlo.

Los perros dormidos mienten es una historia sobre un incidente bizarro que desemboca en una narración sobre la culpa, la mentira y el perdón pero también sobre lo que estamos dispuestos a perdonar y a permitir de los demás. Durante gran parte del metraje sobrevuela en la mente del espectador esta pregunta: ¿Estaría dispuesto a besar a alguien que ha hecho algo semejante? ¿De verdad quiero que mi pareja sea completamente sincera conmigo?

No es una respuesta simple, no es una historia cómoda pero, narices, alguien tenía que hablar de todo eso.