Malpertuis

Título: Malpertuis (Malpertuis)
País y año: Francia-Bélgica-R.F.A., 1971
Dirección: Harry Kümel
Intérpretes: Orson Welles, Susan Hampshire, Mathieu Carrière
Guión: Jean Ferry
Cartel de Malpertuis

“…Continúa buscando Malpertuis... De acuerdo... Pero no olvides que, si no la encuentras, esta maldita casa del infierno te encontrará tal vez a ti... Y entonces…”

La primera vez que vi Malpertuis quedé completamente hipnotizado desde el primer plano sin saber a ciencia cierta qué demonios estaba viendo. Fue por casualidad que, haciendo zapping una aburrida tarde de sábado, pasara por el Canal 7 (sí, el de Frade) y me topara con esta extraña y cautivadora historia. Como ya estaba empezada y tenía la necesidad vital de ponerle nombre y apellidos, me mantuve atento hasta los créditos finales. Cuál fue mi sorpresa que al acabar la película pasaron directamente a emitir alguna bazofia producida por Jose Luis Moreno o similar. Por lo que me quedé sin saber el nombre del director o el año de producción. Así que apunté en mi cuaderno sobre películas la única información que pude sacar: Malpertuis, Orson Welles.

Años después, con la gran cantidad de datos que facilita internet, pude localizarla. Lo que me encontré superó con creces mi primera impresión, e hizo que se convirtiera en una de esas películas que me atraen y me desasosiegan al mismo tiempo.

Jan, interpretado por Mathieu Carrière, regresa a su ciudad natal después de haber pasar años embarcado como marinero. Al no encontrar la casa donde se crió y tras buscar a su hermana Nancy (Susan Hampshire) es arrastrado a la mansión que regenta su tío Cassavius (Orson Welles). Malpertuis es una casa maldita que mantiene atrapados a sus habitantes tras un halo arcano de sexo y terror. Orson Welles interpreta magistralmente al patriarca de la familia en su último estertor. Un dios sordo que ejerce su poder sobre los que allí habitan, rodeado de unos familiares que desean su muerte, su dinero y la posibilidad de abandonar la fatal mansión. Con la vuelta de su sobrino predilecto el resto de los habitantes ven comprometidos sus planes, con lo que se desatan una serie de intrigas en torno al joven heredero. Algunos quieren deshacerse de él, otros, seducirlo y manipularlo. Pero Jan no se siente atraído por la herencia de su tío. Cuando intenta marcharse de la casa aparece Euryale, que cautiva su corazón y empareja su destino con el de Malpertuis. Es curioso y reseñable que todos los personajes femeninos que despiertan cierto deseo sexual estén interpretados por la misma actriz, Susan Hampshire. Este giro de tuerca impregna de depravación lo que de otra manera simplemente parecería algo puramente carnal.

Para poder trasladar al espectador dentro de este enigma cargado de simbolismo, el director belga Harry Kümel nos brindó un trabajo de dirección soberbio, con una puesta en escena cuidada hasta el último detalle. La fotografía se ajusta como un guante a cada situación, siendo desvaída y monocromática en ciertos momentos o saturada y policromática en otros. Para los movimientos de cámara, se utiliza el tan manido zoom de manera dramática y no por simple efectismo. Los decorados son abigarrados y asfixiantes. Todo ello nos introduce a la perfección en ese halo de terror gótico del que está impregnada la narración, sumergiéndonos en un universo donde es imposible diferenciar entre sueño y realidad.

La reacción tanto de crítica (compitió en Cannes al premio de mejor director) como de público fue bastante fría y pasó directamente al limbo cinematográfico. Se convirtió en lo que se ha llamado una «película de culto». Posteriormente el director hizo un nuevo montaje, introduciendo metraje inédito, que la acercó mucho más a la novela de Jean Ray en la que está basada, pero sin hacerle perder un ápice de la personalidad creada en el film original.