Mysterious Skin

Título: Mysterious Skin (Mysterious Skin)
País y año: EEUU, Países Bajos, 2004
Dirección: Gregg Araki
Intérpretes: Joseph Gordon-Levitt, Brady Corbet, Michelle Trachtenberg
Guión: Gregg Araki
Cartel de Mysterious Skin

De todos los temas que bordean el tabú a la hora de ser representados en el cine, el abuso sexual a menores es sin duda el más áspero y complicado. Incluso dentro del cine más arriesgado es raro encontrarse con películas que se atrevan a tratar el asunto abiertamente, y más raro todavía, de forma honesta y realista. Da la impresión de que los directores más alejados del mainstream tienen tanto pánico a moralizar cuando tratan temas delicados que se basan únicamente en la frialdad y el tono documental como las únicas formas de alcanzar la “verdad”. Mysterious Skin se aleja de los extremos y constituye una de esas contadísimas excepciones en las que se consigue retratar un hecho tan deshumanizador y salvaje sin sensacionalismos y sin resultar frío y distante. Es una obra original y perturbadora, unas veces insoportable por su dureza y otras sorprendentemente tierna.   

Neil y Brian son dos adolescentes de Hutchinson, el prototipo de pueblo aburrido del Medio Oeste de Estados Unidos. Aunque no se acuerdan el uno del otro, algo ocurrido en su infancia les ha moldeado en dos personas polarmente opuestas, y a la vez les ha unido para siempre. La voz en off del Brian adolescente abre la película situándonos en este momento en el pasado: “El verano en el que tenía ocho años, cinco horas desaparecieron de mi vida. Cinco. Perdidas. Desaparecidas sin dejar rastro.” Vemos un niño con gafas casi más grandes que su cara, con la nariz sangrando y la mirada perdida en la nada: acaba de sucederle algo que su jovencísimo cerebro no puede procesar. Lo último que recuerda antes del lapso es estar sentado en el banquillo durante un partido de béisbol, cuando empieza a llover. Neil es la estrella del equipo, y recuerda perfectamente lo que ocurrió después de la lluvia. Ha comenzado su despertar sexual de forma muy temprana y las atenciones del entrenador le producen una mezcla entre excitación y superioridad frente al resto de sus compañeros. A diferencia de Brian, es consciente del abuso y además lo sufre repetidamente, pero es el extraño precio que hay que pagar para suplir la falta de afecto que existe en su vida.

Los años pasan y las consecuencias de lo ocurrido en la infancia de ambos son tan evidentes como dispares. Neil se ha convertido en un adolescente que canaliza toda su rebeldía, impotencia y odio a través de su sexualidad. Su principal interés es tener sórdidos encuentros sexuales con hombres mucho mayores que él, y cree haber nacido exclusivamente para satisfacerlos. Su amiga Wendy conoce el terrible secreto y comprende que Neil puede estar abocado a esta forma de vida para siempre, aunque nunca cesa de advertirle del peligro que corre. A pesar de su desprecio por todo lo que le rodea, el carisma de Neil unido a su físico de adonis le hace tan irresistible que todo aquel que se encuentra dentro de su círculo acaba o bien enamorándose de él o venerándolo, haciendo de su lenta destrucción un espectáculo al que nadie puede o sabe cómo poner fin.

A Brian ni los años ni la pubertad han conseguido borrarle la misma expresión de la cara. Sigue sufriendo desvanecimientos y hemorragias nasales de forma intermitente, pero está dispuesto a averiguar cuál es la causa y tiene la convicción de que está relacionado con aquellas cinco horas que desaparecieron de su vida cuando tenía ocho años. Su obsesión con el mundo de los ovnis y los extraterrestres le lleva a pensar que quizá fue abducido, y apoyándose en esta teoría y en las pistas que se le presentan en sueños, se embarca en una búsqueda de respuestas que le ayuden a resolver por fin el gran misterio. Poco a poco su investigación le llevará del mundo de lo desconocido a la realidad de Hutchinson, gravitando como los ovnis que pueblan su imaginación alrededor de la figura de Neil McCormick, y hacia el indefectible encuentro entre ambos.

Mysterious Skin explora los efectos devastadores del abuso sexual sin paliativos y sin ofrecer explicaciones fáciles, y consigue transmitir la destrucción emocional de sus personajes con una precisión sobrecogedora. El encargado de dirigir el libro homónimo de Scott Heim fue Gregg Araki, portavoz principal del cine underground de la cultura gay de finales de los años 90 y retratista del hedonismo y la excentricidad más extremos en títulos como Totally Fucked Up (1993) o The Doom Generation (1995). Araki es un experto en la construcción de personajes antisociales y autodestructivos, y sustituye aquí el romanticismo con el que los adornaba en sus anteriores películas por una dosis de realismo más acorde con la historia. Demuestra además una elegancia inusitada en su cine a la hora de filmar las escenas más difíciles, adaptando su estilo colorista y pop a las exigencias de la historia y sobre todo, consiguiendo alcanzar un equilibrio perfecto entre la crudeza que subyace en casi todo el metraje y la sensibilidad con la que trata a sus personajes.

Mysterious Skin se culmina con una última escena que representa una de las catarsis más impactantes que he visto nunca en una película. Salvando las distancias, me recuerda a la interminable partida de billar al final de El buscavidas (1961), en la que toda la fuerza emocional que va almacenándose durante la película acaba eclosionando en un momento único que representa un nuevo punto de inflexión en la vida de sus personajes. Puede ser un comienzo o un final, eso queda a juicio del espectador.