The ninth configuration

Título: The ninth configuration (The ninth configuration)
País y año: Estados Unidos, 1980
Dirección: William Peter Blatty
Intérpretes: Stacy Keach, Scott Wilson , Jason Miller
Guión: William Peter Blatty
Cartel de The ninth configuration

Wiliam Peter Blatty se dio a conocer al gran público gracias a la inconmensurable obra maestra del terror El exorcista (The exorcist, 1973). Suyas eran tanto la novela como el guión en los que está basado el film de William Friedkin. Unos años más tarde, Blatty quiso llevar al cine su siguiente novela, Twinkle Twinkle Killer Kane. De hecho, se trata de la continuación de El exorcista, y es la segunda parte de una trilogía sobre la fe culminada por El exorcista III (Legión, 1990). Aunque el cariz genérico es completamente distinto, se siguen tratando los mismos temas, como son la perdida de la fe, las dudas existenciales y el conflicto psicológico interno. También es una continuación a nivel argumental, ya que existe relación directa con el personaje del astronauta al que Reagan, la niña poseída de El exorcista, profetiza su futura muerte. Incluso la medalla de San Cristóbal que encuentra en el primer film el padre Merrin (Max von Sydow) aparece de nuevo como símbolo portador de la fe.

Tras superar ciertos problemas de producción, la película se empezó a rodar bajo el nombre de The ninth configuration en Alemania y Hungría, puesto que fue imposible localizar en Estados Unidos un castillo de estilo gótico donde situar la trama. Tampoco se pudo contar con la dirección de William Friedkin, con el que Blatty había desarrollado una gran amistad durante la filmación de El exorcista, por lo que fue él mismo quien tomó las riendas del rodaje.

En The ninth configuration se cuenta la historia del coronel Kane (Stacy Keach), un heterodoxo psiquiatra de los Marines. Este ha sido destinado a un castillo, que se usa como asilo mental, donde se encuentran ingresados militares ex combatientes en Vietnam que han sufrido algún tipo de trastorno psicológico. El lugar se encuentra completamente aislado, situado en alguna parte al norte de la costa oeste norteamericana. Pero no sólo están enfermos los pacientes que allí residen. También el doctor Kane sufre algún tipo de dolencia. El contacto con los demás enfermos le llevará a conocer cuáles son sus demonios interiores, a la vez que tratará de redimirse sanando a sus pacientes.

El correcto desarrollo de la trama nos va mostrando poco a poco la importante carga filosófica y religiosa que contiene la historia. Principalmente por la relación que existe entre Kane y Cutshaw. El capitán Cutshaw (Scott Wilson) es un astronauta que abortó el lanzamiento de su nave poco antes del despegue. Es sin duda el antagonista de Kane y también el paciente que lidera al resto de los enfermos. Sus conversaciones con el psiquiatra respecto a la existencia de Dios o al papel del hombre como ser en el espacio‑tiempo marcan la pauta interna de la historia. Además de Cutshaw, existen otros pacientes que nos van desvelando la auténtica personalidad tanto de Kane como del filme. Apoyados en unas líneas de diálogo soberbias y unas interpretaciones no menos sobresalientes (Scott Wilson fue nominado al globo de oro al mejor actor de reparto), asistimos a un desfile de personalidades que cabalgan entre lo surrealista y lo cómico. Esto es llevado a cabo por una prole de actores secundarios en estado de gracia que le otorgan al film un trasfondo casi coral.  Entre todas las actuaciones cabe destacar la de Jason Miller (interpretando al teniente Frankie Reno), cuyo personaje trata de realizar un montaje teatral de Hamlet protagonizado por perros. Y es que uno de los puntos más interesantes de la historia reside en que los militares afectados no son los típicos descerebrados. Al contrario. Sus personalidades se acercan más a la de genios excéntricos que a la imagen que se retrataba sobre los marines allá por finales de los años 70 y que ha perdurado hasta nuestros días.

No menos brillante es el trabajo del consagrado director de fotografía Gerry Fisher. Él es el responsable absoluto de la planificación de planos, encuadres e iluminación. Hay tres momentos que destacan por encima del resto: los planos exteriores que nos muestran la mole que es el castillo saliendo de entre la niebla, las imágenes simbólicas del astronauta en la Luna que se encuentra a Cristo crucificado y la secuencia final situada en el bar. Como anécdota, cabe comentar que en dicha secuencia aparece una banda de moteros auténtica que rondaba por Budapest durante el rodaje en Hungría.

Todas y cada una de las claves nos muestran una película alejadísima del cine que se hacía, y se hace, en Hollywood. Y aunque fue nominada a los Globos de Oro en los apartados de mejor película y mejor guión (fue ganadora de este último), fracasó estrepitosamente en taquilla. Y que conste que la película se distanciaba del mensaje negativo y fatalista que contenían la mayoría de producciones de finales de los años 70 y principios de los 80. Pues aunque The ninth configuration muestra a personajes castigados por sus actos, no deja de transmitir un mensaje positivo y una serie de preguntas universales que consiguen que, al acabar la película, comience una nueva historia en nuestra mente.