Pin

Título: Pin (Pin)
País y año: Canadá, 1988
Dirección: Sandor Stern
Intérpretes: David Hewlett, Cynthia Preston, Terry O'Quinn
Guión: Sandor Stern, Andrew Neiderman
Cartel de Pin

Oh Canadá, tierra de alces y arces, cuánto te debemos los adictos al terror, la ciencia-ficción y el fantástico.

Casi tanto como a los 80, década de oro de esos géneros. Fue en 1988 cuando la perturbada mente de Sandor Stern dio a luz su única película como director —este señor es televisivo donde los haya—, titulada Pin en pos de su plástico (co)protagonista, ese escalofriante muñeco anatómico que en ocasiones parece tener más vida que la que el potagonista Leon le brinda desde su a veces triste, a veces aterradora enfermedad mental.

Tras un pistonudo flash-forward inicial, el Dr. Linden, encarnado por el gran Terry O'Quinn —eterno secundario tele-cinematográfico y ocasional protagonista, como en el caso de la sobresaliente The Stepfather (Joseph Ruben, 1987), que no alcanzaría su merecida gloria hasta encarnar a John Locke en la amada/odiada Lost— utiliza a Pin para enseñar a Leon y su hermanita de qué va el cuerpo humano, ajeno al hecho de que el crío es un esquizofrénico en ciernes.

A partir de ahí Stern cuenta una historia atípica dentro de lo típico, apoyándose en el brillante score de Peter Manning Robinson y en un pulso narrativo comedido sin resultar tostónico. Leon, que no tiene amiguitos, crecerá convencido de que Pin está realmente vivo —a veces no podemos evitar preguntarnos si realmente lo está—, hasta convertirse en un pre-adulto encarnado por el muy desaprovechado David Hewlett, actor fetiche o colega enchufado de Vincenzo Natali (Cypher, 2002) e intérprete acostumbrado a pasearse por el cine de culto (como suele pasar con tantos buenos actores desaprovechados).

Hewlett, víctima de la más pura tradición de utilizar a actores con los huevos negros para hacer de adolescentes —recordemos las entradas de Dylan en Sensación de Vivir (Beverly Hills, 90210, también en la más pura tradición española de pasarse los títulos originales por el forro)— se mete en la piel del pobre Leon de manera magistral, pasando de dar penita a mucho miedito con una creíble y pasmosa facilidad, al tiempo que sufre una pubertad de lo más jodida, enfrentándose a las típicas dolencias juveniles del tipo “mi hermana siempre será virgen” y contando tan sólo con el plástico hombro de Pin para llorarlas.

A destacar, la voz de Pin —nada más y nada menos que la de Jonathan Banks, Mr. Mike Ehrmantraut en Breaking Bad—, los ya mentados David Hewlett y Terry O'Quinn, la comestible Cynthia Preston (la hermanita, aún de muy buen ver la friolera de 24 años más tarde), cierto accidente de tráfico, el momento de las fundas de plástico y, como no, el “entrañable” Pin.

Poco más; solo decirles que la cosa, como se ve venir, acaba bien. Créanme.