Repo Man

Título: Repo Man (Repo Man)
País y año: Estados Unidos, 1984
Dirección: Alex Cox
Intérpretes: Harry Dean Stanton, Emilio Estevez, Tracey Walter, Olivia Barash
Guión: Alex Cox
Cartel de Repo Man
Esta reseña revela detalles del argumento

Un Chevrolet Malibu atraviesa a toda velocidad una solitaria carretera en el desierto de Nuevo México. El conductor tiene una extraña expresión enajenada en el rostro. Un agente de policía escondido entre unos cactus no tarda en reaccionar y se pone a seguirlo de inmediato en su Guzzi. Pronto lo alcanza y lo hace detenerse en el arcén. El policía se acerca al conductor del vehículo, que no parece muy impresionado. Parece, de hecho, que todo aquello le divierte. "¿Qué lleva en el maletero?" El conductor sonríe. "Compruébelo usted mismo", contesta. El agente rodea el coche. Al abrir el maletero, una luz radioactiva surge del interior del mismo; al instante, el esqueleto del policía se deja ver por unos instantes antes de que su cuerpo se reduzca a cenizas en menos de un segundo. Aparece el título de la película grafiteado en rojo, seguido de los títulos de crédito ya míticos acompañados por la canción que Iggy Pop hizo para la película y a la que puso el mismo título.

Hace muchos, muchos años existió una raza de hombres llena de fuerza y rabia: los punks. Eran seres enrabietados, enfadados con el mundo, y sin duda alguna aquella era su mayor virtud. A finales de los 70, Johnny "Podrido" Lydon nos enseñaba sus caries, G.G. Allin defecaba y se masturbaba en el escenario, bandas minoritarias encendían la escena de su barrio editando fanzines incendiarios y sacando demos en cassette. Era el apogeo del moshpit, de los Dead Kennedys, y de la escena hardcore punk de Los Angeles que se retrata en Repo Man. Iniciaron un estilo de música a partir de un estilo de vida, y toda era tan genuino que parecían indestructibles. Con sus imperdibles, cuchillas de afeitar y aquellas desafiantes crestas, ¿quién podría acabar con ellos?

El sistema. El propio cine, por ejemplo. El cine les negó la existencia como apestados.  Los punks fueron los eternos figurantes usados para caracterizar un mal barrio o un ambiente criminal. Ciertamente, ellos mismos querían ese papel, querían ser rechazados, querían ser ilegales. Y el hecho de entrar en el mainstream (o cine comercial) tan sólo evidenciaría una contradicción. Un punk de verdad reniega de una producción comercial profesional. Un punk se verdad se caga en todo eso. Y aun así, hubo cineastas dedicados a crear un espacio para ellos en el olimpo iconográfico del cine, quizá aprovechando el tirón comercial de un movimiento que, durante cierto tiempo, atraía la atención precisamente por el rechazo que inspiraban. Las estrellas se estaban alineando para el surgimiento de una película de culto que retratara esta escena.

Alex Cox es responsable de la cinta Sid y Nancy, que evidenciaba un oportunismo recalcitrante al llamar la atención del respetable con un tema morboso, extremo y, por qué no decirlo así, amarillo. Pero, ¿qué actitud puede ser más punk que pasarse todo esto por las pelotas y, aun así, rodar la maldita película? Al fin y al cabo, Sid y Nancy tuvo una más que pasable aceptación entre la crítica... y estoy seguro de que a muchos punks, no importa cuán radical fuesen, disfrutaron viendo en pantalla la vida y milagros de su Cristo particular. Y es que el cine de Cox tiene un componente off-beat que, tal y como cuenta Steven Paul Davis en su libro "Film Anarchist" (con prólogo de Dennis Hopper), "no es totalmente anti-Hollywood, pero cree que hay algo que no está bien en el mainstream”.

El mundo ya no es punk. La palabra "anarquía" ya no significa caos liberador, sino estupidez indeseable; el establishment se ha ocupado de que así sea. Al cine cada vez le cuesta más dar piezas como esta, no solo libres de pretenciosidad sino con claras intenciones de darle la razón al equivocado y una voz a quien sólo sabe pelearse, beber cerveza y pisar a fondo el acelerador. De ponerse del lado del que está al otro lado de la ley. Y, en el camino, pasar un jodido buen rato. Y no hay forma mejor de pasar el rato que ver Repo Man con unos amigos que sepan lo que se tiene entre manos.

La escena inicial de la película nos desconcierta y se ha convertido en un clásico para siempre. Da la impresión de que estamos frente a una película casposa de ciencia-ficción chusca, una especie de burda serie Z sin más, pero la introducción nos engancha de forma muy efectiva. ¿Qué coño ha pasado? ¿Qué había en el maletero? Pronto vemos que la película tiene elementos fantásticos que aportan la anarquía y el humor cínico de los que hablábamos antes, pero que no son más que MacGuffins destinados a generar caos, diversión, una locura crossover de géneros y servir de excusa para hacer avanzar la historia. Porque, en realidad, el escenario central de la película no es un mundo alternativo o cyberpunk, sino Edge City ('ciudad límite'), un skid row o barrio bajo a las afueras de Los Angeles, donde el realismo de la pobreza y los conflictos raciales están a flor de piel. Y resultan bastante creíbles. El film, de hecho, adopta por momentos un tono documental que da idea de su naturaleza polivalente.

En Edge City vive Otto Maddox. Otto es un joven jodido, frustrado y aburrido. Acaba de perder su trabajo —si es que reponer latas para un jefe cabrón puede ser considerado trabajo—debido a su conducta antisocial. Otto no tiene amigos, sino colegas con los que sale, bebe y se pelea. No tiene pareja, más bien comparte chicas de dudosa reputación con los miembros de su panda. Se puede decir que tampoco tiene familia; sus padres están alienados y son adictos a los telepredicadores. Son unos hippies fumadores de porros (¡lo que más odia un punk!) que acaban de entregar todo el dinero que le habían prometido a su hijo a una iglesia en la TV... Aunque, a decir verdad, Otto no había hecho gran cosa para ganarse ese dinero.

Un día, en pleno ataque de frustración, se cruza con el personaje de Harry Dean Stanton, Bud, junto a un desgüace de automóviles. El modo engañoso y sorprendente en que Bud le recluta como Repo Man para su negocio le resulta divertidísimo a Otto, quien se ve desde ese momento rodeado de otros “repo men”, que resultan estar más desquiciados que él mismo.

Pero, ¿qué es un "repo man"? El término completo es 'repossession agent', es decir, personas encargadas de hacer el trabajo sucio de embargar coches a cuidadanos que no pagan sus letras mientras andan despistados. Un trabajo excitante, callejero, y muy poco agradecido. Los trucos y trampas de esta gente para levantarle los coches a la gente, hacer puentes y salir a todo gas son de lo más astutos y traicioneros. A Otto todo esto le divierte muchísimo y pronto se da cuenta de que ha descubierto algo que, si bien no le da sentido a su vida (la película nunca va a ir por esos derroteros), le proporciona cuanto menos diversión y emociones fuertes. Su proprio nombre, Otto, se pronuncia casi igual que "Auto", de modo que todo parece adecuado.

Entre tiros de speed y constantes visitas a las licorerías, Bud le enseña a Otto los secretos de su nuevo oficio mientras recorren en un Chevy Impala del '70 las apocalípticas calles de Edge City. Harry Dean Stanton brilla en cada escena desde su primera aparición. Su papel de gurú underground es perfecto para su vehemente interpretación, y se come a un Estevez correcto a quien lo mejor que se le da es la carcajada cínica y la cara de malas pulgas de su Otto.

Ordinary fucking people, I hate them. They spend their lives avoiding tense situations. Repo men spend their lives getting into tense situations. A repo man is always intense - Bud

Repo Man tiene algo de carsploitation también, por supuesto. El desfile de modelos míticos de los 70 no tiene fin, y es realmente un placer para los amantes de los grandes coches americanos de la época ir identificándolos según surgen en escena. No hay demasiadas persecuciones, pero sí piques y peleas a cuatro ruedas. La primera descarga de adrenalina la proporciona una competición testosterónica entre el Ford Falcom de los hermanos Rodríguez, apandadores latinos de barrio, y el Impala de Bud.

La inevitable chica de toda historia entra en escena sin motivo aparente; simplemente, Otto la convence para que se suba a su coche. Así, sin más. Las casualidades románticas, el "todo pasa por algún motivo" no tiene cabida en Repo Man. Muy lejos de experimentos fallidos como Rubber (2010), una apología extrema del 'for no fucking reason' (“nada tiene sentido”) no tienen la fuerza y la garra de Repo Man, que logra aplicar el mismo principio a la vida cotidiana, que es donde realmente funciona.

Leila (así se llama la chica, interpretada por Olivia Barash) resulta tener información secreta sobre unos aliens. Unos temibles agentes trajeados con gafas de espejo parecen seguirla a todas partes. Según ella misma, hay cuerpos de dos aliens escondidos en el maletero de un Chevrolet Malibu conducido por un científico loco, y que dichos cuerpos son aún peligrosos. Otto, una vez más, se descojona de todo aquello. Empezará a tomárselo más en serio cuando se entere de que hay una recompensa de $20.000 por el Malibu.

Cualquier comentario acerca de esta película no sería completo sin mencionar la selección musical de himnos punk y hardcore punk seleccionados para la banda sonora. Desde los Burning Sensations y su versión del "Pablo Picasso" de Modern Lovers (actitud y letra pasota y descarada) hasta Suicidal Tendencies y la generacional "Institutionalized", los temas que suenan en Repo Man están pensados para levantar la libido melómana de todo punkarra que se precie, incluyendo temas de Black Flag y los míticos Fear, precursores del hardcore punk.

Si no has visto Repo Man, llama a tus amigos con los que compartes el gusto por las películas de culto, la ciencia ficción y las bandas de la época dorada del punk. Abrid unas cervezas, apagad la luz y subid el volumen. Y después, salid de marcha.