Under the skin

Título: Under the skin (Under the skin)
País y año: Gran Bretaña / EEUU, 2013
Dirección: Jonathan Glazer
Intérpretes: Scarlett Johansson, Jeremy McWilliams, Lynsey Taylor Mackay
Guión: Jonathan Glazer, Walter Campbell, Michel Faber
Cartel de Under the skin

En esta ocasión os ofrecemos una experiencia distinta de reseña. Tenemos dos colaboradores que se han presentado con sendas críticas de la última película de Jonathan Glazer, la extraña y fascinante Under the Skin (2013). Ambas coinciden en la apreciación de esta cinta como una de las mejores que nos dejó el año. Sin embargo, tanto Alex Onôv como Cinematic tienen distintas maneras de expresar sus reacciones a la cinta, de forma que os ofrecemos las dos, para que no os perdáis ninguna. Pulsa en la pestaña del colaborador para leer su reseña.

Menudo pedazo de película nos ha traído Jonathan Glazer. Hice bien en ir ayer martes por la noche a ver la nueva obra del autor de Sexy Beast, con el cine medio vacío y con esa sensación de quien huye de la rutina en medio de la semana. Por cierto, y antes de olvidar mencionarlo, me gustaría aclarar que esta es una película para ver en el cine. Incluso añadiría que es una película para ir a ver solo.

La película es, ni más ni menos, que una historia de terror erótico. Si no erótico, sí al menos físico. La seducción forma una parte fundamental del avance narrativo en la primera mitad de la película. Una viuda negra alienígena, una mantis religiosa venida del espacio exterior, llega a una localidad del norte de Escocia y comienza a desarrollar su enigmático plan empezando por robarle el cuerpo a una mujer anónima que aparece extrañamente muerta en la cuneta de una carretera. Scarlett Johansson se nos muestra en toda su fisicidad como nunca antes lo había hecho en toda su carrera, algo que tenemos que agradecerle, pues nos muestra un talento desconocido hasta el momento; el de su expresividad anatómica. Yo, personalmente, nunca antes había sido tan gratamente sorprendido con su actuación y su honestidad a la hora de presentarse como actriz de cuerpo entero, con todas sus consecuencias. Somos conscientes de sus manos, de sus uñas, de los bordes de sus ojos, del brillo de su pelo oscuro, de cada giro y ondulación de su cuerpo y de cada doblez de su piel. Y es necesario, porque nos están contando una historia que trata ni más ni menos que de cómo se siente uno cuando, de repente, se es consciente de que se tiene un cuerpo humano, un cuerpo nuevo, un cuerpo virgen. Nunca antes esta actriz se nos había mostrado de una manera tan hermosa y convincente. Sin mediar palabra, únicamente usando su físico, Scarlett Johansson nos da una sensación de calidez dentro de lo frío de la historia; una sensación de humanidad que resulta extraña al emanar de un ser alienígena que todavía no sabe sentir.

Under the Skin (2013) | FilmBunker.NET

Under my skin casi no tiene diálogo, y el poco que hay no está ahí para hacer avanzar la acción. Muchas veces es hasta ininteligible, al tratarse del cerradísimo acento de la región donde transcurre la acción. Podría decirse que es una nueva instancia de cine mudo, si no fuese porque el sonido, o la música, es parte fundamental del desarrollo dramático del film. Y cuando digo dramático me refiero a la evolución y al conflicto del personaje principal, no a un despliegue de emociones o sentimientos más o menos reconocibles. Y es que esta película es fría como pocas. Por eso su alucinante banda sonora es una sucesión de frecuencias, zumbidos, arranques de violín abortados y acordes de órganos que, durante gran parte del tiempo, se solapan en disonancia pero que, en ocasiones, se fusionan en un acorde extraño pero armónico, un confluir unísono y casi trascendental de ruido, sintetizadores y cuerdas que por momentos nos elevan más allá de la absoluta frialdad de los contextos de la película.

Under the Skin (2013) | FilmBunker.NET

Under my skin no es sólo valiente al apostar por un tipo de narración como la mencionada, sino que además se destapa con una estética alucinante, hipnótica, casi narcótica, una mezcla de la más rabiosa modernidad del nuevo siglo con cierto aroma setentero en esa fotografía de neblinas y de paisajes en los que se advierte una clara intención de no embellecer, de hacernos sentir la dureza criminal de las rocas de un acantilado, el frío de la madrugada sobre el asfalto mojado, el viento y la lluvia de un clima desapacible que nos oculta las vistas, en lugar de un paisaje tipo Señor de los Anillos. Y es que Escocia hubiera dado para ello, pero Glazer se resiste a hacer postales.

La película me ha recordado a dos títulos que aluden a temas similares y que tienen escenas de las que creo que Under my skin ha bebido. Una de ellas es Trouble every day, de Claire Denise, una película igualmente desprovista de diálogo, igualmente pausada, igualmente obsesiva y obsesionada en una fotografía fría pero estudiada. Tenemos la misma furgoneta donde se portan a las presas, el mismo motorista que da ayuda logística a la viuda negra, la misma casa-telaraña, el mismo terror físico y sexual, casi caníbal.

Otra de las películas a las que me ha recordado es Hellraiser. Si bien Under my skin es más aséptica y más moderna, sobre todo en lo estético, nos encontramos de nuevo con ese horror físico, carnal, desplegado en toda su crudeza sanguinolenta cuando las víctimas van cayendo una a una para servir de alimento en la depravada regeneración de un ser, en este caso no extraterrestre sino infernal. La idea vampírica de utilizar sangre inocente, captada como se captan insectos en una trampa, para ir alimentando y dando vida a un ser en gestación, un ser de podredumbre y maldad, se da tanto en la película que nos ocupa como en este clásico del terror de los ochenta. Y del mismo modo, en este sentido, se pueden trazar analogías con la obra maestra que es Possession de Andrzej Zulawski.

Under the Skin (2013) | FilmBunker.NET

De modo que el nuevo fin de Glazer tiene caché, tiene pedigrí. Sus conexiones la enlazan con un hipertexto de cine de terror, cine erótico, cine del cuerpo, cine enigmático que rebusca más allá del drama y las relaciones humanas cotidianas para adentrarse en las llagas de la especulación acerca de la naturaleza de lo que es humano y lo que no, de nuestra relación con nuestro cuerpo y de su utilidad, y de la amenaza que supone todo, absolutamente todo, lo que nos rodea más allá de nuestra piel. Solo añadir una nota final, y es para esa escena subacuática que es capaz de congelarle el alma a cualquiera para después rompérsela en pedazos. Cuidado con esa escena.

Esta reseña revela detalles del argumento

Under the Skin se ha convertido, para un servidor, en la mejor película de ciencia-ficción del milenio junto con Hijos de los hombres. Podría hablar de la música, de la fotografía, del ritmo, de su actriz principal, pero lo que para mí hace de esta película un éxito rotundo, es el modo en el que usa todos esos elementos para guiarnos hacia el contenido, y no para distraernos de él. Y del contenido, tal y como yo lo he visto, es de lo que quiero hablar. A partir de ahora habrá varios spoilers.

Scarlett Johansson encarna a la alienígena de esta película, que tiene un trabajo relativamente sencillo. Atraer a presas y valerse de la seducción para succionarlas y aprovechar su piel. Pero esa es una senda ya marcada. La protagonista es una alienígena no tanto de forma literal, sino en cuanto a que está alienada de su propósito individual, y por tanto, de su yo más profundo. Conforme va avanzando la película, la alienígena va reconociendo complejidades en diferentes actitudes humanas, y áreas de su propio pensamiento que entran en conflicto con la simpleza de lo que se espera de ella. Se nos narra el proceso que va de una conciencia dormida, a una que despierta. El desarrollo de una sensación de compromiso para con lo que uno experimenta, de no acallar lo que se sale de los márgenes y desafía explicaciones fáciles, sino precisamente de enfocar la identidad propia en torno a esas áreas desconocidas. Todos los momentos clave de la película representan cambios y evoluciones de conciencia. Los voy a ir enumerando.

N#1: Mosaico de lo cotidiano. En un determinado momento de la película, vemos diferentes escenas de personas en la calle. No están haciendo nada especial, pero poco a poco se va creando un mosaico dorado con estos momentos. La mente de la alienígena interpreta lo mundano, y percibe por primera vez los efectos de este mundo sobre ella. Algo nos dice que no estaba programada para percibir esto: algo en la interacción humana ha despertado el suficiente interés como para querer recopilar datos. Su sistema interno, por completo alejado de nuestros preceptos, comienza a filtrar, a su modo, nuestras energías.

Under the Skin (2013) | FilmBunker.NET

N#2: La playa. Sobran las palabras para describir el poder de esta escena. Es un momento clave porque nos muestra de forma aterradora cómo lo insignificante puede acabar convertido en tragedia. Un perro que se pone a nadar demasiado lejos, una mujer que nada para encontrar a su perro, un marido que nada para encontrar a su mujer, y un bebé que espera en la orilla. Y nadie regresa. Es una escena que ejemplifica de forma magistral la crueldad de la naturaleza. En un momento, unas vidas se pierden y otras son magulladas para siempre, con lo arbitratrio como base. Según la alienígena contempla la escena, comprendemos que ella está más cerca de la naturaleza que de las vidas que destroza. Ella tampoco es consciente de sí misma, y fluye en sumisión como las olas, cumpliendo con lo que se le ha pedido sin pensar en las consecuencias. Más tarde, estando en su furgoneta, un niño llora en el coche de al lado, lo que retrotrae a la alienígena al niño llorando en la playa. Puede que de momento no haya culpa, pero sí hay reconocimiento de que algo no ha ido del todo bien. Un eco de lo humano que reverbera en la mente, como esperando a encontrar un sentido que sólo la compasión puede dar.

N#3: El espejo. Al principio de Persona de Ingmar Bergman, Liv Ullman está actuando en una obra, y decide dejar de hablar. La platea funciona como un espejo de lo que ha sido su vida: un teatro para satisfacción de los otros. Decide cortar con esa farsa y vivir una vida auténtica. En Under the Skin, la alienígena tiene una epifanía similar. Ahí, mirándose al espejo, es cuando se hace consciente de sí misma, y no puede escapar a ese conocimiento aunque quiera. En el plano siguiente, ve una abeja frustrada en su vuelo por una ventana. Esta sensación de impotencia nos recuerda a la familia ahogada en la playa, succionada por la corriente, no ya de las olas, sino del mundo. Lo eventual siendo engullido por lo eterno. Ahora, en vez de distanciarse, la alienígena se reconoce en esa impotencia. Recuerda al hombre deforme al que ha condenado, y decide cambiar las tornas. La impotencia ante las eventualidades despierta la empatía de este 'robot' al que irán creciéndole sentimientos cual ramas que se mezclan entre sus circuitos. Es el punto de no-retorno.

Under the Skin (2013) | FilmBunker.NET

N#4: Paz. Tras varios intentos fallidos de acercarse a la humanidad (tratar de comer un pastel e intentar tener sexo), la alienígena consigue, por fin, una experiencia de lo humano. Y paradójicamente, lo consigue cuando no trata de hacer nada. Se tumba en una cabaña, cierra los ojos, y se deja envolver por el sueño. En su sueño, el bosque y su figura se confunden. Esa sensación de dejar escapar el control, y ser capaz de sentir la paz que la naturaleza proporciona, la vemos también en Stalker de Andrei Tarkovsky. En la película de Tarkovsky, la naturaleza encierra toda una dimensión de experiencias humanas sutiles, cuyo embrujo y misticismo se revelan muy de vez en cuando, y sólo al más sensible. En ambas, la sensación de unión con la naturaleza es uno de los mayores deleites de la experiencia humana, y en ambas, esos momentos están condenados a la brevedad. Cuando la alienígena parece por fin entender las energías terrestres y sentirse a gusto envuelta en ellas, algo la despierta.

N#5: Dolor. Y llegamos al último capítulo. Así como la familia en la playa fue víctima de la arbitrariedad de la naturaleza, ahora la protagonista es víctima de la arbitrariedad de la naturaleza humana. ¿Por qué, justo ahora que comenzaba a amar este planeta, ha de ser expuesta a esa crueldad? Lo más interesante de este último tramo no es que el cazador pase a ser presa y se complete un círculo. Lo más interesante es que la alienígena había sido cazadora en un estado de conciencia dormida, sin ninguna noción de moralidad, y el hombre ejerce como cazador estando despierto y con esas nociones morales integradas en su ADN. Cuando hasta una alienígena puede aprender a ser empática, ¿por qué los seres humanos seguimos tratándonos de esa manera? Ahora la alienígena nos parece más humana que el humano.

Si miramos cuándo comienza y acaba la experiencia humana de la protagonista, daremos con un dato interesante. Su humanidad surge de un acto de compasión (el hombre deforme), y acaba con un acto de injustificada violencia (el guardabosques). También vemos cómo su actitud de conformarse a los estándares de belleza superficiales corresponden a su estado de conciencia dormido, y el momento en el que desvela quien realmente es, produce que alguien le prenda fuego. ¿Tanto miedo tenemos a nuestra verdadera cara? Tiene también algo de tragedia inevitable, la misma que vimos en los ojos llorosos del bebé en la playa. Después de todo, si la protagonista quería entender y experimentar nuestro mundo, el dolor iba a acompañarla más temprano que tarde.

Under the Skin (2013) | FilmBunker.NET

Under the Skin da al espectador la oportunidad de tener una experiencia transformativa cimentada en el auto-análisis, de hacer un recorrido vital por sus decisiones y verlas desde otro punto de vista. Ser capaz de reconocer cuándo dejamos de ser nosotros mismos para beneplácito de un tercero, o cuándo favorecemos la belleza externa sobre la cualidad interna, o cuándo respondemos con hostilidad ante lo diferente, y preguntarnos si merece la pena seguir por esa ruta. Así como la alienígena desautomatiza comportamientos, nosotros también podemos hacer frente a nuestros comportamientos automáticos, tan sedimentados en la costumbre y tan alejados de nosotros que parecen... Sí, una manifestación de lo alienígena. De eso habla Jonathan Glazer, de la flexibilidad del concepto "alien", y de las cosas en nuestro mundo que cuesta mucho más entender que las venidas de otros sistemas solares.

En su último y mejor largo (y esto lo dice un fan de 'Sexy Beast' y, sobre todo, de 'Birth'), Jonathan Glazer pide penetrar en tu mente, reavivar zonas de tu memoria y hacer que llegues a un difícil estado de auto-análisis inclemente. Difícil porque echa por tierra mucho de lo que hemos sido, pero necesario porque despliega un mar de posibilidades en cuanto a lo que podemos llegar a ser. El cine tiene la capacidad de poner a un individuo cara a cara con sus aspectos más incómodos e incitarle a la mejoría, pero esta capacidad ha sido ignorada durante demasiado tiempo. La cantidad de críticas negativas a la película suponen una prueba de cómo, sobre todo en los últimos tiempos, el cine no es bienvenido en terrenos que la literatura y la poesía llevan siglos explorando. Under the Skin ansía recobrar ese terreno perdido y plantar semillas en él. Pero somos nosotros quienes tenemos que regarlas.