SXSW | Día Cinco: Panorama

Fotografia: SXSW | Día Cinco: Panorama

Este día lo iniciaría diferente. Me desperté con ánimos de experimentar y así me subí al auto y evité el downtown para irme a visitar uno de los cine satélites que ofrecían películas del festival.

Les llamas los cines “townies” porque están lejos del ruido de SXSW para darle oportunidad a otros locales donde probar el festival sin prisas y filas interminables. Aun así, llegué temprano. Algo me decía que no podía perderme esta película.

 

SCENIC ROUTE

Dir. Kevin Goetz, Michael Goetz

Josh Duhamel aparece sentado en flor de loto en medio del desierto con la mirada perdida, ensangrentado, con la nariz rota y un mohawk en la cabeza. Entre cortes rápidos relampaguea una pelea entre Mitchell (él) y su amigo de la infancia Carter (Dan Fogler). Los conocemos dándose hardcore en la madre. 

De ahí regresamos al inicio del viaje; van a pasar un fin de semana juntos. Carter toma la ruta panorámica para asegurarse una audiencia cautiva en su amigo el zombie. La estrategia falla cuando se quedan varados en el desierto. Sin agua. Sin comida. Con una bolsa de jellybeans y mucho que contarse.

Mitchell tiene la pierna rota. Se casó, su esposa (odiada con pasión por Carter) está embarazada, tiene un trabajo de 9 a 5. Una vida aburrida controlada por su esposa, Joanne. Se convirtió en lo que nunca quiso ser (ni Carter) de adolescente. Esta es la oportunidad de Carter para “despertar” a Mitchell y liberarlo de convencionalismos. Su intención, aunque irresponsable, la entiendo. Pero esperar a que la esposa de tu mejor amigo esté embarazada para intentar convencerlo de abandonarla para ser feliz, es un poco “dickish”.

Carter no es el único que se ha guardado cosas y Mitchell, molesto, suelta todo lo que ha guardado sobre su amigo. Aunque después acepta que le fue infiel a Joanne y se siente culpable. Sobre el matrimonio dice, “no puedes hacerlo sin mentirle a la persona en la que se supone debes confiar”. La frase es caspa pero a Duhamel le sale bien.

Analizar esto: Josh Duhamel y Dan Fogler. Dos actores que nunca me han llevado al cine. Que hacen ruido. Que eran turn-offs. Estrellitas. Parte de la razón por la cual no la tenía contemplada en mi calendario. No la imaginaba más allá de un accidente entre Gerry y Due Date. Con Scenic Route habrá un antes y un después para los dos.

El texto, a pesar de la caspa, fluye como una obra de teatro. Pero es mérito para los hermanos Kevin y Michael Goetz mantener buen ritmo y dejar que avance la acción para dimensionar a sus actores. Además, inspirado por Travis Binkle, Mitchell deja que Carter le haga un mohawk. Un fin de semana que pudo cambiarles la vida para bien se va a la mierda por la falta de agua y comida, además de que siguen en medio de una carretera abandonada en el desierto.

Prepárate para un final un poco mamón. Sin embargo, no olvides que es el viaje, no el destino lo importante.

 

EVERYONE'S GOING TO DIE

Dir. Jones

“Todo es bonito cuando lo miras desde un contrapicado”, le dice Ray (el gangster) a Melanie, la chica de la cual se enamora y que podría ser su hija. Este es el tipo de cintas de las cuales tus padres te advierten que debes evitar en festivales. Cintas festivaleras incapaces de sostenerse fuera de esa estructura en las salas comerciales. 

No ayuda tampoco tener una sinopsis tramposa que promete detalles que resultan ser meros eructos de algo mayor. Te escribo: “Dos almas perdidas. Una última oportunidad. La vida de Melanie no va a ningún lado hasta que conoce a Ray”.  Otro buen título para esta pudo ser “Enséñame a Vivir”.

Ray conoce a Melanie en un café. Él le paga el café y ella promete pagarle pronto. Luego le dice que “parece un violador. Pero no en mal rollo”. Así nace una relación tan inverosímil como improbable — aun para los estándares de este tipo de filmes. Ella está comprometida a casarse pero su fiancé es un ojete. Él está casado pero vive en medio de una crisis existencial que lo tiene al borde de renunciar a su vida del crimen. Super conveniente, ¿no? Si tan solo la película funcionara… pero no logra despegar nunca.

No sé en qué momento lo que pudo haber sido una comedia negra entra en el universo de comedias románticas inestables. Quizá el mismo cinismo que agobia a los personajes se contagia a la audiencia que no termina por conectar con ellos, y eso es lamentable.

 

 

UPSTREAM COLOR

Dir. Shane Carruth

La química de Upstream Color se esparció despacio en mi cerebro desde que la dejé ingresar en mi sistema. No es una historia de ciencia ficción, sino un romance con elementos fantásticos — o mítica, si le preguntas a Carruth.

Sin haber visto Primer, puedo entender de dónde proviene el hype hacia su director. Aquí, Shane realizó un filme limpio, económico y calculado. Retratado con cuidado, en detalle y sin prisa por el mismo director, quien además escribió el guión, musicalizó y se quedó con uno de los personajes principales. La ciencia es un elemento sutil, nunca se interpone entre los personaje y su historia. Pero es importante por la poesía existente en la química entre nosotros, y cuando digo nosotros, incluyo a toda la sociedad.

De entrada conocemos a un personaje sin nombre al que identificamos como el Ladrón (Thiago Martins), quien logra aislar propiedades escondidas en el ADN de una larva, producto de un proceso biológico más complicado. Con esta técnica, es posible manipular telepáticamente a usuarios “hackeando” su cerebro. Para poner en práctica esta ciencia, el Ladrón secuestra a Kris (Amy Seimetz) y la somete a su experimento. En cuestión de días, el Ladrón reprograma a Kris como un hipnotizador avanzado y la controla hasta ceder todo su dinero y sus propiedades, manteniéndola a base de una dieta de agua, hielo y Walden de Thoreau. Una vez obtenido lo que quiere de ella, la abandona dejándola en la ruina tanto económica como mental.

En ese estado en el que se encuentra, Kris llega a manos del Sampler. Un tío obsesionado con grabar sonido directo que después manipula hasta volverlo atmósferas. Así como hay gente que se clava con tomar fotos de lo que sea, lo de Sampler es grabar sonido y cuidar una granja de cerdos. Estos cerdos representan un universo aún más grande y aquí es donde Upstream Color se expande. Pero me guardaré este detalle para no arruinarte la sorpresa. 

No esperes algo leve. Vas a tener que trabajar para no quedarte atrás. El guión está bien fileteado, no tiene grasa. Otro punto a favor es la precisión, el pulso para hacerla avanzar con imágenes y solo los diálogos necesarios. Mi primera impresión fue que el texto tenía pleito con la naturaleza. Luego me vino de golpe, el pleito es con la sociedad. El Sampler es el último gran voyeur, y el Ladrón representa cómo cualquier avance tecnológico (en este caso científico) siempre tendrá a alguien listo para usarlo para hacer daño.

Cuando Kris conoce a Jeff (Carruth) hay una urgencia exquisita en la forma en que esta pareja desarrolla su química. Es interesante lo poco que se nos dice del lado científico en palabras. Las imágenes están ahí para conectar los puntos. Los diálogos están ahí para contarnos la historia de amor entre dos personajes con la mente fracturada que se encuentran y se atraen aún sin saber por qué.  

Amy Seimetz me gusta mucho, tiene una cualidad medio Hillary Swank pero más indie (¿te acuerdas de cuando Swank era indie?) Su personalidad se presta para interpretar mujeres fuertes y terriblemente frágiles. Su presencia aporta sensibilidad a una historia que pudo ser fría.

Si fuese un party-boy hubiera ido a la fiesta de KISS OF THE DAMNED. En su lugar, preferí meterme a la cueva del lobo: la calle Seis, y es justo en el corazón de Austin donde late el Alamo Drafthouse Ritz.

 

REALITY SHOW

Dir. Adam Rifkin

Hoy día todos tenemos público (o seguidores).  Mark Zuckerberg dice que Facebook, más que social media, se ha convertido en el mejor periódico personalizado. Es decir, de alguna forma u otra, todos tenemos nuestro reality show.

Adam Rifkin concibió esto como una serie de 8 episodios que primero vio la luz en Showtime y fue editada para formar una película. Su idea era crear una parodia de un reality que se sale de las manos de su creador. También funciona como una crítica ácida al momento en la historia del entretenimiento que vivimos y lo fácil que es perder el control de un experimento cuando tu muestra es tan voluble como lo somos los seres humanos.

Mickey Wagner (Rifkin) tiene la idea perfecta, un show sobre una familia. El giro es que la familia en cuestión no sabrá que está siendo grabada hasta después que el programa sale al aire. Su abogado tiene los detalles legales en orden y convence a una cadena de televisión de darle 8 episodios. Eligen una familia al azar, los hacen ganadores de un viaje todo pagado a un destino turístico. Mientras están fuera, aprovechan para llenar la casa de cámaras y micrófonos. La producción está lista.

Es la típica familia americana tan real que resulta aburrida, y poco a poco, el director tiene que intervenir, inyectando conflicto para crear drama y asegurarse un pietaje más interesante. Esas intervenciones afectan la dinámica familiar de una manera irreversible. 

Rifkin mantiene el humor pero no deja de ser crítico. Los intercambios entre él y los ejecutivos de la cadena nos permiten ver cuán prescindibles y manipulados somos como audiencia, mientras que cuando interactúa con su crew es una muestra de lo negro en nuestras almas, y lo lejos que somos capaces de ir con tal de “entretener”.

Los personajes secundarios son actores que han sido integrados al reparto con una misión específica. De miedo la escena cuando Wagner hace el casting para la chica que será la tentación del papá. “Este es un reality show como The Bachelor”, dice. “Pero las chicas aquí tienen que enamorar a un hombre casado”. Ninguna de ellas parece tener un dilema moral con eso. La fama es primero.

Conforme avanza la trama, los riesgos son mayores y el daño es más difícil de detener. Para cuando los ejecutivos, emocionados por el material, deciden que para hacerlo funcionar necesitan un final feliz y emotivo, quizá es demasiado tarde para detener un tren que va a toda máquina.

 

Crónica y fotos de Jesús DeLeón-Serratos

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